El monstruo que nos asecha

Tomas Antonio

La Joya, ver.

Ya casi se cumple un mes, un mes donde ya no escucho a los niños de mi pueblo organizar partidos de fútbol en la calle o el sonido de las ruedas de las bicis rodar por el pavimento, dónde quienes éramos conocidos ahora somos desconocido y nos tememos el uno del otro, en donde las únicas muestras de amor son virtuales, como un simple abrazo o beso.

Dónde no solo le tenemos miedo a contagiarnos ni contagiar a nuestras familias o seres queridos, sino que también le tenemos miedo al hambre, a que el día de mañana todos los pequeños y grandes negocios los cuales generan cientos de empleos puedan colapsar y dejar a todos sin empleo, a dejar mesas sin comida.

 Dónde nos dimos cuenta que pese a la facilidad que tenemos de estar más informados a comparación con otras generaciones, estamos peor, con este tipo de noticias falsa que surge día con día y va de boca en boca, recreando el famoso juego del teléfono descompuesto, como quienes dicen que “el agua con bicarbonato te protege” o “agua caliente con sal destruirá el monstruoso virus”.

Se extraña el poder ser libre, el poder salir a todos lados, viajar, bailar, besar, abrazar, compartir, disfrutar de la vida. Pero ya casi se cumple un mes de ser los esclavos de un monstruo mortal llamado COVID-19, quien hoy en día nos asecha todo el día, en cada esquina.

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