Las prioridades del Presidente

Acostumbrado por décadas a andar de pueblo en pueblo, el Presidente López Obrador denota la ansiedad que la cuarentena le ha provocado; necesita del aplauso, de la reverencia pública, de las fotos rodeado de gente. Tan es así que desde la inminente llegada de la pandemia a México, las acciones para minimizar su importancia han sido muy notorias, el invitar a la gente a salir a pasear, a que los mexicanos se abrazaran y convivieran, pasando por aquella conferencia en que decía apresurado que el 19 de abril se regresaría a la normalidad, hasta seguir estableciendo fechas de fin de la cuarentena que simplemente se han seguido postergando ante el aumento de los casos de contagio, cosa que lo ha desesperado más. En últimas fechas, el Presidente ha solicitado permiso para reiniciar su agenda de giras por municipios, los cuales, a pesar de que algunos han sido considerados “de la esperanza” se han negado a reiniciar actividades, lo cual le trunca su deseo y aumenta su ansia por salir a seguir fortaleciendo su imagen; también ha manifestado sus ganas de ir presencialmente a dar el banderazo de inicio de obra del Tren Maya, sin embargo, estos deseos se contraponen a su nula presencia supervisando instalaciones sanitarias o dirigiendo alguna acción concreta para combatir al virus. ¿De qué le sirve a una persona entubada en un hospital que el Presidente inaugure una obra en este momento? De a poco, las acciones del Presidente develan que en vísperas de un proceso electoral, cuáles son sus verdaderas prioridades. En tanto, la cifra de contagios aumenta mientras el Tigre de Macuspana sigue enjaulado en Palacio Nacional, únicamente con una idea en la mente, salir a hacer lo que mejor sabe: rugir en las plazas públicas buscando aplausos.

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