lunes, noviembre 29, 2021

Carnaval de Río de Janeiro será en julio solo si existe vacuna contra COVID-19

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Cuando se piensa en Brasil se piensa en fútbol y en carnaval, pero la realidad es que para muchos brasileños el carnaval es más importante que el fútbol. Lo consideran el “espectáculo más imponente del mundo” y en las principales ciudades, donde se celebran los desfiles y existen escolas centenarias, es normal ver a personas tatuadas con el símbolo de su asociación carnavalesca y no con el escudo de su equipo de fútbol ni con el de su banda de rock favorita.

Además, hay mucho en juego dentro y fuera del Sambódromo Marqués de Sapucaí (una especie de estadio Maracaná del carnaval) de Río de Janeiro. Se estima que la última edición del carnaval inyectó más de 1.400 millones de dólares a la economía del país, sin contar los casi 30.000 empleos que se generan exclusivamente para estas fechas.

Pero más allá de los desfiles controlados dentro de los sambódromos, que comienzan apenas se pone el sol y terminan al amanecer, los “bloquinhos” de carnaval han ganado protagonismo en los últimos años. Es allí, en el “carnaval de rua” (carnaval callejero), donde se agolpan las multitudes, que no necesitan pagar tiquetes ni pasar por controles de ningún tipo. Solo bailan por la ciudad, disfrazados o semidesnudos, sabiendo que los días no tendrán fin, que será una fiesta continua hasta el “miércoles de cenizas”, que dictamina su fin y en el que, con la resaca de los días más alegres del año, volverán a su rutina.

Sin embargo, los brasileños amantes del carnaval, esos que cuentan los días para volver a vivir esa euforia contenida, no tenían idea de que una pandemia, provocada por la COVID-19, podría quitarles esa oportunidad en el 2021. Multitudes agolpadas (solo en Río se calcula que 2.000.000 de personas por día forman parte del carnaval), bebiendo de la misma botella y con la inmunidad por el suelo por la falta de sueño y la mala alimentación parecen ser el mejor escenario para la propagación del virus. En Brasil suele decirse que el año no comienza el primer día de enero sino en marzo, “después del carnaval”.

Con el inicio del campeonato brasileño de fútbol, el pasado 8 de agosto, las escolas de samba del Grupo Especial (primera división) del carnaval de Río de Janeiro, el más “profesional” del país, aceleraron sus conversaciones con representantes de la Liga Independiente de Escolas de Samba (Liesa) para definir cuáles serán los próximos pasos, ya que muchas personas viven de las escolas y los trabajos para montar un “enredo” (trama o temática de la asociación) toman prácticamente todo el año.

“Solo imaginamos la posibilidad de tener el desfile de las escolas de samba en febrero si para entonces existe una vacuna contra el coronavirus. De lo contrario, no tenemos cómo realizar un evento que se nutre de la aglomeración de personas, porque el carnaval es eso: son multitudes”, dijo Jorge Castanheira, presidente de la Liesa. “El fútbol se puede jugar sin público, la Fórmula Uno también puede hacerse sin gente, pero los desfiles en el sambódromo no tienen cómo hacerse sin la aglomeración de quienes desfilan ni de quienes lo van a ver”, agregó.

De las 12 escolas de samba que componen la élite del carnaval carioca, cinco ya manifestaron que no pondrán en riesgo a sus equipos si no se descubre una vacuna contra el virus. “No estamos en contra de que haya carnaval. Al contrario, pero creemos que es imposible la realización del desfile si no tenemos una vacuna en los próximos días”, dijo Dudú Azevedo, director de la escola Beija-Flor, una de las agrupaciones que se opone a la realización bajo las condiciones actuales, junto con Vila Isabel, Sao Clemente, Grande Río e Imperatriz.

“Sin vacuna no tendremos carnaval, ni en febrero ni en junio ni nunca”, dice Fernando Fernandes, presidente de Vila Isabel. “Las decisiones judiciales hoy tienen la última palabra. Nosotros podemos hacer una inversión altísima, gastar mucho dinero y luego, llegando el día, nos dicen que todo se cancela”.

El director de Imperatriz, Marco Aurelio Fernandes, apunta en la misma dirección, argumentando que cada escola reúne a más de tres mil miembros. “No es que no queremos el carnaval, obviamente, pero no lo queremos de esta forma, poniendo a miles de personas en riesgo, porque la esencia del carnaval son las multitudes aglomeradas. Si no es así, entonces no puede ser, lamentablemente”, explicó.

Por el lado de Portela, una de las escolas más tradicionales y la más ganadora de la historia del carnaval carioca, la palabra clave parece ser “cautela”. “Nosotros vamos a guiarnos por lo que digan la Liesa y las autoridades. Es cierto que para las escolas es muy difícil mantenerse sin los recursos financieros del carnaval, pero también es cierto que nosotros no vamos a tomar ninguna decisión y eso está en manos de los especialistas”, sostuvo Luiz Magalhaes, presidente de la asociación, que ha ganado el desfile en 22 oportunidades.

Una de las voces entre los bailarines, Squel Jorgea Ferreira, representante de Mangueira, otra institución prestigiosa (20 títulos), siguió en la misma línea que los principales dirigentes. “Vemos como en todo Brasil mueren miles de personas todos los días y eso impacta directamente al desfile. Frente a eso, creo que ninguna escola va a querer poner en riesgo a sus miembros”, dijo.

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