miércoles, diciembre 8, 2021

Explica Llanes cómo se ha defraudado la ley con el outsourcing

Relacionados

Sociedad 3.0

Mediante un breve texto, el abogado especialista en Derecho Laboral, Juan José Llanes Gil del Ángel, socio del consorcio Llanes-Viades y Asociados, de Xalapa, explica de forma clara la manera de operar que han tenido grandes empresas para evadir responsabilidades y burlarse de los derechos de millones de trabajadores mexicanos:

LA TRAMPA DEL OUTSOURCING

Leo con auténtico desagrado a quienes, desde ayer, se rasgan las vestiduras y se llenan la cabeza de ceniza, acusando una «venezuelización» de México, tras el anuncio del Gobierno Federal de terminar con el fraude y la simulación que representaba la subcontratación laboral.

Creo que poco bueno (bastante poco), ha traído la así llamada «Cuarta Transformación». Por eso, nunca he dejado de criticar (ni dejaré de hacerlo), lo que -a mi leal saber y entender- son desatinos. Tampoco suelo hablar de lo que no sé. Empero, la decisión de dar fin a esa larga época de fraude a los derechos de trabajadores, y proponer una reforma a las normas laborales, me parece acertado.

Explico, claramente, por qué.

De acuerdo con la Ley Federal del Trabajo, la figura de la «subcontratación» (o «outsourcing»), se caracteriza por los siguientes elementos (Artículo 15-A):

1.- No puede abarcar la totalidad de las actividades, iguales o similares en su totalidad, que se desarrollen en el centro de trabajo.

2.- Debe justificarse por su carácter especializado.

3.- No puede comprender tareas iguales o similares a las que realizan el resto de los trabajadores al servicio del contratante.

Sobre este punto cabría mencionar que el constante abuso por parte de patrones -al hacer uso de esta posibilidad-, trajo consigo que grandes centros de trabajo, usaran el outsourcing para que, prácticamente, TODOS sus trabajadores tuviesen como patrón a una empresa «proveedora» de servicios. Pido a quien me lea que piense en cualquier empresa grande (tiendas, fábricas, concesionarias, etc.). Con toda certeza, hace uso de esta figura.

La trampa se hacía así:

En una empresa, pongamos de ejemplo una que produce y vende algún bien perecedero (un alimento enlatado):

a).- Los trabajadores que laboran en la línea de envasado, tienen un patrón (una outsourcing);

b).- Los que se dedican a empaquetar el producto, tienen otro (otra outsourcing);

c).- Los que laboran en el área de ventas, tienen otro patrón (otra outsourcing);

d).- Los choferes que distribuyen los productos envasados y empaquetados, están contratados por otro patrón (otra outsourcing).

Y así todos los demás.

Por ende, en un centro de trabajo al que acuden a laborar, digamos cien trabajadores, noventa y cinco tienen otros «patrones», distintos a la empresa.

Muchas veces, estas outsourcing tenían, prácticamente, los mismos socios. Eran auténticos consorcios.

1.- Una, tenía como socios a «A», «B», «C» y «D»;

2.- Otra, tenía como socios a «A», «B» y «D»; 3.- Otra, a «A» «C», y «D».

Todas éstas, con nombres, larguísimos y rimbombantes. Sus «domicilios» eran auténticos cuchitriles, ilocalizables, de los que -además- se mudaban constantemente.

Los trabajadores eran «rotados»:

a).- Unos cuantos meses, laboraban para la subcontratadora «A».

b).- Luego, se operaba una sustitución patronal, y eran empleados de la outsourcing «B».

c).- Otro tiempo después, tras otra sustitución patronal, aparecían como empleados de la subcontratadora «C».

Ninguna de éstas tenía un capital apreciable, suficiente para hacer frente a responsabilidades laborales o fiscales. Se cumplían, a fin de cuentas, las premisas de la Ley. En el ejemplo propuesto:

a).- Ninguna outsourcing tenía a la totalidad de los empleados;

b).- Justificaban el «carácter especializado», con el argumentos de que «se necesitan trabajadores especializados en el envasado (o en el empaquetado, o en el transporte, o en las ventas) de este producto». Por tanto, era una «justificación», meramente argumentativa, que no era necesario acreditar, ni había forma de hacerlo.

c).- Por ende, ninguna outsourcing emprendía tareas «iguales o similares» a las que realizaban «el resto de los trabajadores al servicio del contratante». De esta manera, el verdadero patrón pagaba a la subcontratadora el monto de la nómina (por concepto de «pago de servicios»), y a través de la outsourcing (que, para todos los efectos, era el “patrón”), se pagaba a los trabajadores.

Era frecuente escuchar que los trabajadores sujetos a este tipo de contratación (vía outsourging), tenían una aspiración en común: que «los pasaran» a la empresa, esto es, que el verdadero patrón, reconociera que lo era, a veces, luego de años de prestarle servicios.

Por el contrario, cuando una de estas empresas «contratantes» decidía prescindir de un empleado, simplemente lo despedía. Si el trabajador demandaba, tenía que averiguar quién diablos era su «patrón».

Si demandaba a la empresa a la que materialmente prestaba servicios, ésta aparecía en el juicio con el argumento de que el demandante NO ERA SU TRABAJADOR, sino de un tercero (la outsourcing).

Si dicha «proveedora de servicios personales», era condenada, no tenía cómo hacer frente a la condena, o ya había desaparecido, o era ilocalizable.

Y a todo eso, se le llamó «flexibilidad laboral».

Lo último

Columnas