miércoles, diciembre 1, 2021

Francisco Lozada, “líder” cañero, corrupto y lavador, en la Cuenca del Papaloapan

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Por Ricardo Ravelo

Publicado en SINEMBARGO

NOVIEMBRE 06, 2020

12:05AM

El sector cañero y la industria azucarera en general están plagados de corrupción. El Gobierno de la Cuarta Transformación no ha volteado a ver cómo el crimen organizado, sin límites de ningún tipo, ha penetrado esa área productiva del país: los criminales cobran piso, extorsionan, secuestran, matan y desaparecen mientras el Presidente Andrés Manuel López Obrador pregona por todo el país bondades que no se sostienen en la llamada realidad real.

En la imaginación del Presidente existe un país; la realidad dibuja otro bastante distinto, plagado de desgracias y miseria.

Y es que, así como el sector cañero de México es víctima del atraco criminal, por otra parte la impunidad o el vacío de poder se han convertido en el mejor asidero para que florezca la corrupción y se construyan nuevos cacicazgos.

Es el caso de Francisco Lozada Bravo, líder cañero de la organización Gramínea, que abastece al ingenio San Cristóbal, en el municipio de Carlos A. Carrillo, Veracruz, considerado en los años setenta el central azucarero más grande del mundo. Eran los tiempos de Roberto García Loera y de su hijo Roberto García Mora, despojados por el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz del ingenio más productor del planeta y del Banco Internacional –propiedad de los García– que en la avenida Reforma lucía un enorme edificio, entonces símbolo de la opulencia.

Lozada Bravo, hasta hace menos de diez años, era un hombre pobre. Cuentan quienes lo conocen que “no tenía en donde caerse muerto”, pero a la vuelta de unos pocos años se ha convertido en un soberano cacique del sector cañero: es dueño de ranchos valuados en 26 millones de pesos, de caballos pura sangre, de ganado de alto registro y de residencias fastuosas valuadas en varios millones que, de no ser producto de la corrupción, del saqueo a los cañeros, nadie sabe de dónde los pudo haber obtenido. Queda una hipótesis: el narcotráfico.

También posee residencias valuadas hasta en diez millones de pesos, vehículos de lujo, camionetas, entre otras ostentaciones, y se afirma que le sobra tanto el dinero que hasta le permite ponerse de acuerdo con los hombres del crimen organizado, a quienes otorga cuotas mensuales a cambio de que no se metan con su familia ni con él.

No hace muchos años, Francisco Lozada tenía una parcela sembrada de caña. Sin embargo, su ascenso económico ha sido no sólo vertiginoso sino fulgurante: ahora cuenta con más de cien hectáreas y se afirma que sigue acumulando tierras porque dispone de recursos económicos de la organización cañera Gramínea para comprar “caña libre”, la cual introduce al ingenio San Cristóbal a nombre de su esposa, con cuyo negocio obtiene cuantiosas ganancias.

En el sector cañero se observa con sorpresa el crecimiento económico de Lozada Bravo –quien está siendo investigado por el Servicio de Administración Tributaria (SAT) por presunto lavado de dinero– pues resulta verdaderamente escandalosa la inmensa fortuna amasada en pocos años, la cual es considerada no ajena a la corrupción del gremio.

Y es que en sus ranchos, casas de paso y residencias, donde cohabita con diversas parejas, es evidente el desfile de camionetas Jeep, Amarok, X-Trail, entre otros vehículos de lujo; también le han detectado que posee grandes extensiones de tierras –desde decenas de hectáreas hasta ranchos de más de 500 hectáreas–, equipos y maquinaria agrícola (alzadoras y tractores); todo valuado en unos 50 millones de pesos que obtuvo en un lapso de cinco años, algo inalcanzable para el resto de los productores de caña sino es a través de las prácticas de corrupción, algo bastante común en ese sector que, por cierto, ya fue infiltrado por el crimen organizado desde hace varios años.

El sector cañero, particularmente los productores de caña agrupados en la organización Gramínea, acusan a Lozada Bravo de haber causado un quebranto en la organización. No es posible –aseguran los productores consultados– que este hombre (refiriéndose a Francisco Lozada) ostente una fortuna descomunal mientras el sector cañero sigue sumido en la miseria.

Tan escandalosa es la corrupción que ha prohijado Lozada Bravo, que ya atrajo los reflectores de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), de la Fiscalía General de la República (FGR) e incluso de la agencia antidrogas estadunidense (DEA). Se asegura que el líder cañero podría estar desviando dinero del sector cañero que representa o bien está lavando dinero del narcotráfico, pues no es razonable que posea la inmensa cantidad de propiedades, además de las cuentas bancarias a su nombre y de terceros, sin que haya algún vínculo de orden criminal o de corrupción.

Y es que recientemente banco Santander, por ejemplo, le canceló sus cuentas debido a que tiene más de seis años sin rendir declaraciones fiscales. Ya no le permitieron depósitos y retiros millonarios sin soporte. Los ejecutivos del banco lo empezaron a mirar como un delincuente dedicado al lavado de dinero, pues de asegura que disponía de sumas millonarias y en efectivo, algo nada usual en la actualidad.

Además, Bancomer, por su parte, hizo lo propio. Por si fuera poco, la organización Gramínea le informó a los 3 mil 800 agremiados que las cuentas de la organización están bloqueadas. Y el riesgo más grave es que no podrán recibir sus respectivos créditos para rehabilitar los campos cañeros. Todo ello se debe a la mala administración de Lozada Bravo, quien lleva cuatro años en la dirigencia del sector y no parece estar dispuesto a dejar el poder.

Gramínea, una de las organizaciones cañeras más importantes del país, está estructurada por un consejo de administración encabezado en la región sureste de Veracruz, por Francisco Lozada; la tesorera es Lily Morales –actual síndica en el Ayuntamiento de Cosamaloapan– y Bernardo Lara, quien funge como vocal del consejo. Todos ellos –además de Lozada– ya están siendo investigados por la FGR y la UIF por lavado de dinero, complicidad, tráfico de influencias, fraude y desvío de recursos.

Además de sus corruptelas, el más intenso reflector de la justicia lo atrajo Lozada apenas hace unos meses, cuando los bancos Santander y Bancomer le cancelaron las cuentas. Pero también a partir de que con recursos cuyo origen no han sido aclarados adquirió el rancho “El Nido”, en la laguna de Matepec, cuyo valor está estimado en unos 26 millones de pesos.

Y así, cada seis meses, por lo menos, Lozada Bravo adquiere una propiedad con dinero de la organización o del narcotráfico, lo que sorprende al gremio cañero que representa, pues señalan que este personaje que vive en el municipio de Carlos A. Carrillo –al sur de Veracruz – ha pasado desapercibido para las autoridades federales y estatales.

Las investigaciones por corrupción en contra de Lozada Bravo no son nuevas. Datan de por lo menos un año y medio, cuando trascendió la descomunal fortuna que venía amasando mediante el saqueo de recursos en Gramínea, a través de negociaciones ilegales con los directivos del ingenio San Cristóbal y por medio de sucios negocios que desde hace un lustro vienen comprometiendo al sector cañero. Se asegura que Lozada sigue los pasos de Gilberto Uscanga, “La Gringa”, uno de los líderes cañeros más corruptos y nefastos en la región de la Cuenca del Papaloapan, quien construyó un emporio –así como lo ha hecho Lozada Bravo– a costa del esfuerzo de los cañeros.

Es posible de Francisco Lozada Bravo pueda ser perseguido muy pronto por la justicia. Nos hemos informado de que desde el Sistema de Administración Tributaria (SAT) se pondrá en práctica una auditoría. Se estima que Lozada Bravo no soportará la indagación, pues no cuenta con soportes ni elementos para acreditar la fortuna descomunal que posee. Sus testaferros también están siendo investigados. Todo parece indicar que el líder de Gramínea no tiene puerta de escape.

Los dirigentes cañeros se reunieron recientemente con el Secretario de Gobierno de Veracruz, Erick Cisneros, para exponerle la problemática que priva en el sector cañero; le expusieron, además, que el narcotráfico, particularmente el Cártel de Jalisco Nueva Generación, está infiltrado en el sector. Aseguran los dirigentes consultados que el funcionario escuchó lo expuesto, sin embargo, nada se ha hecho.

–¿Por qué? –se le pregunta a los cañeros.

–Es obvio que hay arreglos con el crimen y bajo esas circunstancias, lo mejor es no meterse en ese marasmo.

Así las cosas en el sector cañero de Veracruz.

El Presidente Andrés Manuel López Obrador, el combatiente de la corrupción, sigue sin ver estos flagelos regionales que tanto dañan al tejido social.

Pero asegura que ya no hay corrupción ni criminalidad.

Así, buena parte de los sectores productivos del país viven en medio del país que el presidente imagina. Pero la cruda realidad, por desgracia, no se percibe desde Palacio Nacional.

Por Ricardo Ravelo

Ricardo Ravelo Galó es periodista desde hace 30 años y se ha especializado en temas relacionados con el crimen organizado y la seguridad nacional. Fue premio nacional de periodismo en 2008 por sus reportajes sobre narcotráfico en el semanario Proceso, donde cubrió la fuente policiaca durante quince años. En 2013 recibió el premio Rodolfo Walsh durante la Semana Negra de Guijón, España, por su libro de no ficción Narcomex. Es autor, entre otros libros, de Los Narcoabogados, Osiel: vida y tragedia de un capo, Los Zetas: la franquicia criminal y En manos del narco

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