jueves, diciembre 2, 2021

Descarrilados

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@pablojair

¿Y ahora qué diario británico se leyeron esta mañana, mis niños?

—Chopenjawer

La ambición por tener la alcaldía de Veracruz fue un plan improvisado de última hora por parte de Miguel Ángel Yunes Márquez.

Y es que el patriarca y los hijos metidos a la política nunca contemplaron el escenario fatal de 2018, cuando el mayorcito de los Yunes Márquez perdió la gubernatura ante el morenista Cuitláhuac García Jiménez, en una de las votaciones más copiosas en la historia del estado.

Fue un trago muy amargo y difícil de digerir para Miguel junior, al grado de que tardó varias horas en admitir los resultados no favorables.

En su discurso de aceptación de la derrota, fue inevitable su cara descompuesta, las muecas del fracaso, su voz renuente. Al final, un deseo de éxito al gobernador electo que sonaba más a una mentada de madre llena de coraje.

La vieja escuela dicta que cuando un funcionario sale de un alto cargo por el que estuvo mucho tiempo, lo más sabio es alejarse de la política y tomarse un buen tiempo de vacaciones. Los pudientes, los que robaron chido, los que tienen con qué, viajan incluso al extranjero para desconectarse completamente por varios meses. La misma regla aplica para quienes también deciden desaparecerse del escenario político para que el ganador de la contienda pueda gobernar con un ambiente tranquilo.

Eso quizás fue el motivo por el cual Miguel Jr. decidió exiliarse por un tiempo, y así asimilar el escenario que no tenían contemplado: el de perder la gubernatura. Viajar por el mundo sería el mejor aliciente, la mejor medicina.

Y es que los Yunes no estaban sólo confiados, sino seguros de que iban a ganar sin problema. Tenían todo para hacerlo: papá gobernador, policía, mucho dinero, operadores y poder… Pero nunca esperaron el voto de castigo y el fenómeno López Obrador, que literalmente barrió con todos en Veracruz.

Luego entonces, Cuitláhuac asumió como gobernador y Yunes Márquez se perdió del panorama por un buen rato.

Pasó el tiempo y de repente reaparece Miguel filtrando sus intenciones de ir por la candidatura a la Presidencia Municipal del puerto de Veracruz, relevando a su propio hermano Fernando (pareciera que no entendieron el mensaje de 2018, cuando fue muy aborrecible la idea de heredar el cargo de gobernador de manos de su padre).

Lo anterior, como trampolín para de ahí otra vez intentar como candidato a la gubernatura en el 2024.

El Ayuntamiento de Veracruz es un mundo de dinero (el presupuesto más grande en la entidad, más las donaciones y recursos federales), y otra de las reglas de la vieja política es que uno nunca debe invertir de su propia lana: para eso están el presupuesto y los patrocinadores.

Para Yunes Márquez era prioritario ganar la alcaldía de Veracruz y por eso le arrebató la candidatura a quien ya se mostraba como el aspirante natural y con amplias posibilidades de triunfo, el diputado local del PAN, Bingen Rementería Molina. Las elecciones internas se realizaron el 14 de febrero, y mostraron el lado que siempre usan los Yunes para estos casos: el de la violencia, reventando la elección interna y golpeando a simpatizantes de su adversario político.

Quizás fue tanta la premura de Yunes Márquez por ganar la candidatura, que cometió un error básico, un desliz muy infantil: no tener comprobada la residencia efectiva.

Este pequeño error le costó las aspiraciones, pero además se le hizo más bola el engrudo porque involucró a funcionarios municipales (incluido a su propio hermano) en el presunto uso de documentos indebidos al falsear su domicilio particular en un departamento en el municipio de Veracruz, siendo que es pública y muy conocida su mansión en el municipio de Alvarado.

Y ese fue el motivo por el cual, de manera unánime, tanto el Tribunal Electoral de Veracruz, como el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, le retiraron la candidatura a la Presidencia Municipal de Veracruz al considerarse inelegible: ni nació en el puerto ni tenía la residencia efectiva de 3 años que se pide por ley.

Pero el tema no se quedó ahí: le detonó un asunto penal en la Fiscalía General del Estado del que podría haber noticias sorprendentes en los próximos días.

Aunado a lo anterior, hay otra situación que también tumba las aspiraciones de Miguel en el 2024, pues no sólo no será candidato del ayuntamiento con más presupuesto y presencia en el estado, sino que su falta de residencia efectiva también le anula posibilidades para ser candidato a gobernador: por ley, debe tener 5 años mínimo de residencia antes a la fecha de la elección.

Por lo anterior, el asunto para los Yunes Márquez ya se complicó y parece que los dos hermanos no prevén que se convertirán en blancos de la Fiscalía General del Estado por los delitos presuntamente cometidos para cumplir el capricho fallido de Miguel como candidato a la alcaldía de Veracruz. (Fernando tiene fuero, por lo que podrían desaforarlo o simplemente capturarlo una vez que lo pierda, dentro de unos meses).

Aparte, el haber dejado Miguel a su esposa “Juanita” Lobeira como candidata sustituta, sólo la expone y la coloca en una situación vulnerable donde los Yunes no podrán estar cerca para protegerla, porque probablemente estén huyendo… o en el bote.

En este sentido, a Miguel podría terminarle pasando lo mismo que al exgobernador Javier Duarte de Ochoa: verse lejos de su familia y del poder, en medio del repudio.

Precisamente la noche de este jueves, quien reapareció fue Javidú, compartiendo con un texto en su cuenta de Twitter la columna del analista político Salvador García Soto, donde se revela que el patriarca Miguel Ángel Yunes Linares está enfermo y está pidiendo al presidente clemencia para su familia.

Imagínenlo con su vocecita tan característica: “Con la misma vara que mides serás medido. #YunesCobardeYChillón #Karma”

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