miércoles, diciembre 8, 2021

Mae West y López Obrador

Pensándolo bien

Jorge Zepeda Patterson

Mae West, una actriz y vedette estadunidense de frases mordaces y silueta sinuosa, tenía una expresión que la definía de cuerpo entero: “Cuando soy buena, soy muy buena; cuando soy mala, soy mejor”. Escuchando las mañaneras de Andrés Manuel López Obrador, con frecuencia me vienen a la mente las palabras de West. Cuando el Presidente quiere ser presidente tiene momentos y expresiones impecables, admirables incluso. Hay porciones importantes de sus discursos del día de la victoria y luego durante la toma de posesión que despertaron esperanzas incluso en personas que no habían votado por él. Difícil estar en desacuerdo con un planteamiento que prometía el cambio a favor de los pobres pero sin venganzas, violencia o represión, con estabilidad financiera y política, y con la disposición de encabezar un esfuerzo de la sociedad para atender el problema lacerante de la injusticia social, la desigualdad, los excesos y la corrupción.

Todavía hay momentos en que su diagnóstico en contra de la corrupción, su aversión al despilfarro o su empeño en recorrer el país profundo resultan edificantes al compararse con la actitud de sus predecesores. Pese a muchas evidencias que apuntan a lo contrario a juicio de sus críticos, hay un López Obrador en el que sigue resonando aquel líder que quería ser presidente de todos los mexicanos y no solo de aquellos que piensan como él. Este lunes, después de varios días de ausencia, se asomó a la mañanera este AMLO, el de sus mejores momentos.

A una pregunta sobre el agro y los abusos de algunas empresas privadas, lejos de aprovechar el invite para denostar a los grandes consorcios, respondió con una prudencia y un sentido común impecables: “sí, se requiere que el Estado cumpla con su responsabilidad social, pero esto no significa que asfixie la iniciativa de la sociedad civil, es decir, del sector privado; además, no se podría, no nos alcanza el presupuesto. Nosotros tenemos una capacidad de inversión de 20 por ciento de lo que requiere de inversión el país, 80 por ciento tiene que conseguirse con la participación del sector privado nacional y extranjero. Entonces, eso también hay que tenerlo muy en cuenta. En el caso del sector agropecuario, todas estas empresas cumplen una función. Nosotros estamos haciendo lo que nos corresponde; en efecto, vamos a ayudar a los pequeños productores, que no se hacía antes… pero también estamos ayudando a los productores medianos y grandes para que no tengan ningún obstáculo, ninguna traba y sigan produciendo, porque necesitamos que inviertan y necesitamos que se siga produciendo en el campo”.

En otro momento, interrogado sobre el Banco de México y la negativa de este organismo a entregar remanentes al gobierno, algo que la semana pasada provocó duras expresiones de irritación por parte del Presidente y un comentario sobre la necesidad de hacer cambios, ahora respondió con absoluta mesura: “nosotros vamos a cumplir el compromiso de respetar la autonomía del Banco de México, lo hemos hecho hasta ahora y lo seguiremos haciendo, no vamos nosotros a intervenir en la política del Banco de México, solo que ya concluye el periodo del gobernador y se tiene que llevar a cabo el cambio, no puede seguir él. Independientemente de la cuestión legal, necesitamos la renovación y vamos a proponer a un buen economista, con experiencia en el manejo de la economía, de las finanzas y una gente seria, responsable, que va a saber conducir el Banco de México para que se mantenga la estabilidad macroeconómica. No va a ser un gran viraje, para que todo mundo esté tranquilo, va a ser nuestra propuesta un economista serio, responsable, honesto, eficiente”.

Comentarios como éste hacen pensar que hay un López Obrador que aún puede sustraerse de ese líder partisano que a ratos parece poseerlo y lo mete a la trinchera a pelearse con sus adversarios a codazos o perderse en largas letanías sobre un periódico que lo trató injustamente o un empresario que organiza desplegados en su contra. Como Mae West, cuando quiere ser bueno, puede ser un mandatario razonable y mesurado capaz de ver por el país en su conjunto. El problema es que, también como la actriz de los años treinta, cuando decide no serlo, lo hace a mansalva. Y es entonces cuando aparece el Presidente provocador que alimenta la polarización, carga de epítetos a los adversarios reales y supuestos, lanza rifas de avión sin avión simplemente para ufanarse de no haber estado errado. 

En ese sentido, las mañaneras suelen ser una montaña rusa para los que creemos en muchas de las premisas que nutren su ideario de un cambio y estábamos convencidos de que el arribo de alguien dispuesto a hacer algo por la desigualdad constituía una esperanza para México. Hay ocasiones, preocupantemente infrecuentes en los últimos meses, en las que atisbamos a ese líder congruente y realista, pero muchas otras en las que aparece el dirigente pendenciero de un movimiento político que termina por secuestrar al jefe de Estado que desearíamos.

Las elecciones y lo mucho que está en juego han exacerbado la obsesión por ganar a cualquier costo por parte de todos los actores políticos, incluido AMLO. De allí el desaseo en la elección de candidatos o el uso de embates jurídicos en contra de rivales. El Presidente asume que su cruzada en favor de los pobres requiere la mayoría calificada en las cámaras y eso justifica llevar a los límites las atribuciones de Palacio Nacional.

A mí me parece que el Presidente que tomó posesión e invitó a todos los mexicanos a hacer un esfuerzo conjunto para responder a los problemas del México profundo, habría encontrado la manera de conjuntar voluntades sin requerir necesariamente el control del Poder Legislativo para imponer los cambios. Pero ese es otro tema.

Por ahora, y quedando aún la mitad del sexenio por delante, solo cabe esperar que, como este lunes, el jefe de Estado subordine al político de oposición rijoso que le impide gobernar como muchos quisiéramos. Ambos conviven en ese hombre que todos los días sale a mostrar que su pecho no es bodega. La pregunta que muchos nos hacemos es: ¿cuál saldrá mañana?

Jorge Zepeda

@jorgezepedap

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