sábado, septiembre 25, 2021

Saldos de la consulta

Lo mejor, y algunos dirán que lo único bueno, que puede decirse de la consulta realizada el domingo es lo que apuntó el presidente Andrés Manuel López Obrador este lunes en la conferencia de prensa o mañanera. “Es la primera consulta constitucional que se lleva a cabo en la historia de nuestro país, es algo realmente trascendente, es el inicio formal, legal, de un proceso de participación ciudadana en el contexto de la democracia participativa… Ayer fue realmente muy importante, ejemplar, lo que se vivió en esta jornada. Por eso mi felicitación a todos los que participaron y también mi llamado a que los que no lo hicieron, no dejen pasar la oportunidad de participar”. Sorprende favorablemente que estas primeras expresiones del Presidente sean de relativa mesura. Si bien abordó someramente los obstáculos que dificultaron este primer ejercicio, ponderó los resultados y su significado como un recurso de democracia efectiva para futuras experiencias.

Lo cierto es que la consulta en esta primera versión deja sinsabores, raspaduras y expectativas incumplidas entre los actores políticos involucrados. Veamos.

Casi siete millones de votos son pocos o son muchos dependiendo del color con que se mire. Irrelevantes desde una perspectiva jurídica porque representa apenas 7% del padrón electoral, una cifra que se queda a años luz de 40% necesario para que el veredicto tuviese un efecto vinculante, es decir para que arrojase un mandato de acción sobre la autoridad. Al quedarse corto, no tiene más validez legal que el de una encuesta (no así políticamente, desde luego). Pero, al mismo tiempo, la afluencia no es poca cosa si la comparamos con los 7.6 millones que obtuvo el PRI en solitario en 2018 y desde luego muchos más que el PVEM o Movimiento Ciudadano.

No se si alguien en Morena creyó que realmente era posible acercarse a 40%, algo que incluso cuesta trabajo superar cada sexenio en las elecciones intermedias, a pesar de que en ellas hay campañas en 300 distritos y en miles de municipios durante varios meses. Probablemente ni el propio Presidente era tan optimista al respecto. Pero no cabe duda que esperaban la concurrencia masiva de sus propios seguidores; daban por descontado que eso mostraría el músculo necesario para presionar a la clase política y a la opinión pública a emprender acciones contra los predecesores de AMLO, incluso sin que se hubiera alcanzado la cifra que exigía la Constitución. Consideraban que se trataba de un optimismo fundado. Después de todo, los niveles de aprobación del Presidente, que rondan 60% de la población, suponen un apoyo de más de 50 millones de personas, al menos en teoría. Llevar la mitad de ellos a las urnas para pedir la cabeza de los presidentes corruptos habría constituido un fenómeno político sumamente redituable, aun cuando no fuese exitoso jurídicamente.

Pero los sondeos demostraron a Palacio Nacional que el esfuerzo se había desinflado mucho antes de llegar a las boletas. De allí que ni siquiera López Obrador se haya tomado la molestia de quedarse en Ciudad de México para convertir en una pieza mediática su visita a las urnas. Sus reacciones de este lunes muestran que ya ha comenzado a separarse del resultado puntual, para referirse mayormente al valor “pedagógico” futuro que tiene esta primera experiencia.

No fue lo único que explica el relativo desapego del Presidente en los últimos días. La naturaleza misma de la consulta fue modificándose en el proceso de aterrizaje, de tal manera que lo que iba a ser una toma de posición de los ciudadanos sobre la corrupción personal de los ex mandatarios, se convirtió en un referéndum sobre los crímenes de Estado y sus responsables. De allí que muchos activistas de derechos humanos, incluso críticos del obradorismo, apoyaron la propuesta en los últimos días, considerando que constituía un espaldarazo para iniciar procesos en contra de los presidentes en materia de desaparecidos, asesinados y violación de derechos humanos durante sus respectivas administraciones. Una vertiente que no estaba en la propuesta original de AMLO y probablemente tampoco es de su agrado. Y es que esa lógica abriría el peligroso camino para que más tarde al propio AMLO se le finquen responsabilidades por los mismos conceptos. Estabilizada o no, la violencia arrojará cifras aún mayores que en sexenios anteriores, y eso sin considerar las versiones que atribuyen la letalidad que alcanzó el Covid en México a una estrategia equivocada o irresponsable.

Tampoco la Suprema Corte sale bien librada de esta experiencia. La surrealista parrafada sobre la que se votó fue resultado de una componenda de los ministros para evitar una formulación que no fuera violatoria de la ley y, al mismo tiempo, no le negara al Presidente su deseo de llevar a cabo la consulta. Lo que consiguieron es un galimatías que quedará en los anales de la anécdota del derecho.

Por su parte, el responsable último de la consulta, el INE, sacó como pudo la encomienda. Algunos considerarán como un éxito que lo haya conseguido con un saldo mínimo de irregularidades y con una eficiencia razonable pese a la limitación de recursos. Pero no hay duda de que para las autoridades electorales se trató de una pesadilla. Sobre todo porque no había manera de salir bien librado: Morena, y el Presidente mismo, consideran que el resultado fue menor al esperado por la animadversión de los consejeros al obradorismo. Último capítulo de una historia de desamor que puede derivar en acciones legales en los próximos meses.

Están en el aire las consecuencias inmediatas de este ejercicio. López Obrador aseguró este lunes que no se descarta la realización de tribunales de la verdad, a partir del deseo expresado por los ciudadanos. Pero la vaguedad con la que hizo referencia a este punto deja en claro que no es una decisión tomada, ni mucho menos. Fue mucho más insistente en lo que esta experiencia representa para futuras consultas, y muy en particular la relativa a la que tendrá lugar respecto a la revocación de mandato del propio Presidente en marzo próximo.

Algo que, me parece, que él interpreta como un primer juicio histórico sobre su gestión como mandatario. Eso lo tendrá mucho más que ocupado, y seguramente entusiasmado, los próximos meses.

@jorgezepedap

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