viernes, octubre 22, 2021

La cumbre de la Celac, ¿éxito o fracaso?

La Cumbre de la Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe, ocurrida este fin de semana en México, generó más polémica que resultados concretos para los países cuyos presidentes asistieron al encuentro en el Palacio Nacional. La asistencia de los mandatarios de varios países que acudieron a la convocatoria del gobierno de López Obrador si bien fue un logro diplomático, terminó opacada por la polarización y la división que afloró en el encuentro, donde la presencia de Nicolás Maduro y Miguel Díaz-Canel terminó siendo más un elemento de tensión y protagonismo excesivo que le restó claridad y legitimidad a los consensos alcanzados.

El desplante del mandatario uruguayo, Luis Lacalle, que cuestionó la violación de derechos humanos y la represión, y la falta de democracia y equilibrio de poderes en Cuba y Venezuela, en tono de abierto reproche al presidente anfitrión López Obrador, fueron el reflejo de una operación diplomática que se salió de control para la cancillería mexicana, encabezada por Marcelo Ebrard, que se enteró, según por sorpresa —de acuerdo con la versión oficial— el viernes en la noche de la asistencia de Nicolás Maduro, que ya venía volando a territorio mexicano sin que lo supieran los organizadores, en algo que fue una abierta provocación del dictador venezolano y que le complicó toda la Cumbre a la administración lopezobradorista.

México, que en la visión oficial se anotó un “gran logro diplomático” por realizar una cumbre presidencial en la Celac, que no ocurría desde 2017, en la que además sentó a la mesa a gobiernos lo mismo de derecha que de izquierda y hasta las dictaduras de la región, terminó siendo rehén de las diferencias ideológicas y de los intereses de Estados Unidos, que claramente se movieron también este fin de semana para tratar de evitar el objetivo original que se habían planteado en el gobierno de López Obrador y sus aliados de Argentina, Cuba y Venezuela, para esta reunión: el inicio de un consenso para sustituir y desaparecer a la OEA para dar paso a un nuevo organismo regional y multilateral, algo que quedó muy lejos en la declaratoria final.

Dos días antes de que los presidentes de Uruguay y Paraguay viajaran, ambos recibieron la visita en sus países del presidente del BID, Mauricio Clover Carone, quien en reuniones con Luis Lacalle y Mario Abdo comprometió apoyos y financiamientos para las dos naciones por parte del organismo con sede en Washington.

El éxito o fracaso de la Cumbre de mandatarios de la Celac, que no sólo terminó atrapada en la confrontación regional entre izquierdas y derechas sino también en la polarización y división entre mexicanos que la calificaron unos como “gran logro diplomático de López Obrador y Ebrard” y otros como “un rotundo fracaso del Presidente mexicano y de su canciller”, dependerá más de la óptica con que se vea o de las percepciones e intereses, de los resultados concretos que arroje este encuentro.

Sin menospreciar acuerdos, todos son muy buenas intenciones para avanzar hacia una vecindad y un bloque regional que haga contrapeso al gigante del norte y permita que las naciones de América Central y de Sudamérica avancen hacia nuevos niveles de desarrollo y resuelvan las condiciones de pobreza, desigualdad, ausencia de legalidad, inseguridad y violencia que privan histórica y estructuralmente en esta región del continente.

Eso y el sueño revivido en Palacio Nacional de convertir a México y a su Presidente en un “nuevo líder latinoamericano”, siguen siendo un sueño más guajiro que bolivariano.

Lo último

Columnas