viernes, octubre 22, 2021

Layda o la desgracia de Campeche

En el gobierno de Claudia Sheinbaum la tenían catalogada como una de las dos peores alcaldesas de Morena cuando gobernó Álvaro Obregón; su fallido ejercicio en esa demarcación, que abandonó a la mitad de su gestión para irse a hacer proselitismo a Campeche, fue causa de la estrepitosa derrota que sufrió Morena en esa alcaldía y fue fundamental en la debacle electoral que enfrentó el partido gobernante en su principal bastión político, la Ciudad de México, el pasado 6 de junio.

Layda Sansores San Román no sólo dejó tirado el gobierno de Álvaro Obregón, primero sin ningún tipo de licencia mientras seguía cobrando puntualmente su sueldo como alcaldesa y, después, cuando la oposición cuestionó sus largas ausencias en la demarcación, pidió varias licencias temporales en las que ni siquiera explicaba las causas para dejar su cargo, pero que le fueron aprobadas por la mayoría de Morena en el Congreso local. Pero, además, los pocos meses que despachó como alcaldesa, se vio envuelta en varios escándalos, como la denuncia de Fernando Zárate, de que tenía un tigre como mascota en su oficina, que el legislador del PVEM acompañó en su momento con una fotografía del animal en el despacho de la alcaldesa.

No sólo fue su estilo banal y demagógico de entender la política lo que la volvió una alcaldesa frívola y ausente, sino que además la Auditoría Superior de la Ciudad de México le detectó en 2020 irregularidades graves en la asignación de obras y contratos por asignación directa por 37 millones de pesos, en programas sin supervisión como la compra de calentadores de agua, los cuales fueron otorgados durante su gestión a distintas empresas, sin que Sansores firmara siquiera las asignaciones que después se atribuyeron a su segundo de a bordo, Alberto Esteva, que a la postre se convertiría en alcalde sustituto cuando ella pidió licencia definitiva para buscar la Gubernatura de Campeche.

“Tenemos dos alcaldías problemáticas y en las que hay más problemas que resultados: Álvaro Obregón y Tlalpan”, me dijo en una ocasión una excolaboradora de Claudia Sheinbaum, quien se refirió a la gestión de Sansores como “un desastre” en el que no había ni claridad en el manejo de los recursos, ni comprobación adecuada de los mismos, además de las quejas constantes de vecinos y asociaciones de colonos, lo mismo de las zonas más populares, que de las de alto poder adquisitivo en Álvaro Obregón.

Ayer, con todos esos antecedentes, Sansores San Román juró protesta como nueva gobernadora de Campeche. Se consumó así un cuestionado triunfo electoral que, tras el recuento parcial de votos, fue validado por los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación; pero también se consumó, con su llegada a la Gubernatura, un viejo sueño que nunca pudo lograr en vida el cacique priista de Campeche, Carlos Sansores Pérez, quien gobernó el estado de 1967 a 1973 cuando su hija Layda, orgullo de su nepotismo, estaba apenas en sus veinte años.

Antes de morir, en diciembre de 2005, Carlos Sansores se había olvidado de su priismo y siendo ya un cacique en declive en tierras campechanas, le ofreció su apoyo total a Andrés Manuel López Obrador que ya iniciaba su primera campaña presidencial por el PRD.

Fue entonces, en una de sus visitas, que Sansores le encomendó a su hija Layda, entonces ya sesentona para que la tomara en cuenta en su proyecto político. Era tal la admiración y agradecimiento que López Obrador sentía por el viejo cacique del sureste campechano, que ahí en una de sus visitas, le hizo una promesa: “El día que yo sea presidente, su hija será gobernadora de Campeche”.

Dice la creencia popular que, en Campeche, por el modo de ser de sus tranquilos habitantes “no pasa nada” y es tal la tranquilidad que ni siquiera la bahía campechana hace olas. Pero con su nueva gobernadora a los campechanos les irá bien si no pasa nada, aunque lo más probable es que empiecen a pasar cosas nada buenas para el antiguo territorio del imperio maya.

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