martes, septiembre 28, 2021

Sí señor; pero no es mío…

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En estos tiempos de una generalizada crisis -en conceptos y valores- que por su decadencia presagia el fin de una Era y el principio de otra; aunque todavía falta.  El que los “terribles” talibanes hayan encontrado en la casa de Amrullah Saleh, Primer ex vicepresidente -y a partir del 17 del mes pasado autoproclamado Presidente Interino del País; pues debe de haberlo atacado una pandemia de locura, tipo Juan Guaidó, o Jeanine Áñez-…

Lingotes de oro y cuando menos 6 millones de dólares, billete sobre billete, que exhibieron en la Red.  Y eso que nomás era vicepresidente; pero aun así deja ver el por qué la policía y el Ejército afganos, al igual que el Pueblo, hartos de la corrupción, solapada por los EE.UU. que los impusieron, se pasaron del lado de los talibanes…

Así mismo, el hecho deja claro que “También en San Juan hace aire”; es decir, que los políticos de todos lados, sin importar credo, acaban sucumbiendo al dinero.  En algunos lugares no, porque los ejecutan ¡claro! como en Corea del Norte o China, por poner un ejemplo…

O en otras naciones que, como en Japón -en donde nadie toma lo que no es suyo- no existen los robos, los asaltos, los secuestros y cosas por el estilo; porque el Gobierno es aliado de los malos -los Yakuza- para acabar con los más malos…

Más o menos como si aquí el Gobierno se aliara con los cárteles de las drogas para combatir a la delincuencia organizada.  Ya que, como los Yakuza, los cárteles tienen códigos y respetan a las mujeres y los niños… 

Quienes sucumben al dinero, es porque no entienden que la dignidad, cuya sola palabra engloba varios y muy valiosos conceptos, está muy por encima del dinero…

Como lo ha demostrado Don Pepe Múgica.  Cuyo espíritu perdurará en el tiempo como ejemplo de lo que la política debiera ser; y no lo es…

Por lo que, esta vez no voy a dar mi punto de vista sobre lo que está pasando, que honestamente no hay mucho bueno que comentar.  Voy a contarles una historia al respecto de la honestidad…

Corría el mes de mayo de 1920, y el PresidenteVenustiano Carranza (1859 – 1920) salía en el tren hacia el Puerto de Veracruz, donde tenía pensado cambiar la sede de su Gobierno.  Los tres Poderes, la burocracia y el Tesoro Nacional, en oro…

Pero lo cierto es que salía prácticamente huyendo de Álvaro Obregón (1880 – 1028) y Plutarco Elías Calles (1877 – 1945) que habían firmado el Plan de Agua Prieta en el que desconocían a Venustiano Carranza como Presidente…

Pero habiéndoles avisado que un tramo de la vía del tren rumbo a Veracruz había sido volado, decidieron cambiar el rumbo y dirigirse hacia Puebla.  La historia de lo que sucedió es conocida.  El enorme convoy fue detenido en el trayecto…

En el alboroto por llevarse al Presidente -quien al día siguiente fue cobardemente asesinado- aunque hay versiones de que el Tesoro Nacional fue parcialmente saqueado, lo cierto es que nadie se ocupó de él…

Y quien estaba a cargo del oro, entonces un teniente de artillería de nombre Julio García Villanueva, lo llevó de regreso.  Cuando el oficial superior que lo recibió se dio cuenta de lo que llevaba, le preguntó ¿sabe usted lo que lleva ahí?…

“Sí señorpero no es mío”.  Le respondió -quien a la vuelta de los años llegó a ser General de División, Director de Industria Militar y Comandante de Región-

De ese Hombre, con el que tuve el privilegio de compartir en su casa alguna etapa de mi vida, pues fue mi padrino, llevo por herencia su nombre; y la invaluable enseñanza que representa la honestidad…

A la que mi General García siempre comparaba con el embarazo.  Pues, así como ninguna mujer puede estar más o menos embarazada; de igual forma, ningún hombre puede ser más o menos honrado.  O hay embarazo; o no hay embarazo.  O se es honrado, o no se es.  Y aquí la política es como la casa del jabonero; donde el que no car, resbala.  

Y nos vemos mañana, si el Sol me presta vida.

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