lunes, mayo 16, 2022

Cuando la arrogancia se viste de “autocrítica»

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Ya conocemos el fugaz y debatido desempeño de Irma Eréndira Sandoval al frente de la Secretaría de la Función Pública, y algunas de sus investigaciones de rigor como aquella en la cual el personaje central fue Manuel Bartlett, distinguido ex priista convertido ahora en uno de los más encendidos promotores de la CuartaT, a quien prácticamente exculpó en una investigación a modo. También supimos que entre los motivos de su salida de ese importante encargo estuvo el haber apoyado a su hermano Amílcar contra Félix Salgado, el candidato del presidente al gobierno de Guerrero, quien calificó de “politiqueros” a los contrarios del “Toro sin cerca” al interior de Morena. Así empezó a descomponerse el horizonte político de ambos hermanos y Eréndira finalmente fue despedida. Ahora, ya fuera del gobierno se permite la critica a ultranza: “Se contaminó el concepto de autocrítica con un vil y franco autoritarismo… estamos integrando fuerzas o personajes del PRI a un momento de transformación en que deberíamos tener más seguridad para pensar en nuestros cuadros… para pensar en la gente de izquierda y no estar recolectando de la basura priista a personajes”. Ese dardo de doble filo pudiera no gustar en la cúpula del poder, acaso tampoco en el PRI, partido al cual ahora le cargan las culpas de cuanto malo acontece en el país, sin reflexionar que ese partido político fue la columna vertebral de la política nacional durante la segunda mitad del siglo XX y el eje central, protagónico por excelencia, de nuestra evolución política, pues “lo que resiste, apoya”. Además, su militancia, al igual que la de los otros partidos, incluido Morena, está acunada en el mismo caldo de cultivo que conforma la sociedad mexicana, el manantial de sus respectivos afiliados, y por tal motivo salvo matices ideológicos difícilmente pudieran ser drásticamente diferentes. ¿O sí?

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