martes, noviembre 30, 2021

Encerrado en Palacio Nacional

Malos Modos

Julio Patán / Opinión El Heraldo de México

Estoy preocupado. ¿Se acuerdan de cómo le gustaba al Presidente su baño de pueblo? ¿Recuerdan cómo iba y saludaba a la mamá del Chapo, cómo le prendía un mordisco en el cachete a una niña, en ese permanente ejercicio de cuidar la investidura? Pues hay señales de que ya no va a ser posible. De que el mandatario más popular de la historia va a acabar encerrado en Palacio Nacional.

Y es que van varias. Se sube a un avión comercial, 100 por ciento austeridad republicana, y lo increpan. Se sube a otro para ir de vacaciones con la familia, y alguien graba a su hijo adolescente sin cubrebocas.

Julio Patán

Ya antes, al arranque del sexenio, le habían tocado protestas: ciudadanos indignados por X o Y que le gritaban cuando pasaba en la Suburban, que remplazó al Jetta, que remplazó al Tsuru. Pero es que, recordemos, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), a la que llenó de lana, a la que le levantó los castigos y le permitió, por ejemplo, que mantuviera bloqueadas las vías de tren, esa CNTE, cruel, le impidió pasar a la Cámara y hacer lo que más le gusta: echar verbo. Su mañanera, pues.

Y ahí no para la cosa. Hace unos días, vimos a otra multitud que se le abalanzó en Puebla. Que, pasado un mes del huracán Grace, no les ha llegado la ayuda, le reclamaron.

Para remate, el Tlatoani dijo que no: nada de ir a la entrega de la Belisario Domínguez para Ifigenia Martínez. Y es que en el Senado está Lilly Téllez, que se pone súper grosera. Cosa que, para un hombre tan sensible, es devastador.

Lo sabemos porque también ha agarrado la costumbre de hacer unas fiestotas en el Zócalo vacío. Ni un representante del pueblo bueno vimos por ahí ni el día del Grito, ni el de los 200 años de la Independencia. Terrible. La pirámide robada de una película de luchadores, el jarabe tapatío, ese Miguel Hidalgo morenazo y metidísimo en papel que se dirigía con voz estentórea a la patria, los fuegos artificiales y los lábaros, toda esa maravilla vintage de patio de secundaria, fue disfrutada por el Presidente, su señora esposa, algunos cuatroteístas de mucha distinción y algún dictador caribeño, acolito en mano, pero no por el pueblo bueno, ese que cuando el neoliberalismo abarrotaba la plaza y disfrutaba de la fiesta.

“Es de que el COVID-19”, dirá alguno. Pero todos sabemos que nuestro AMLO no le dio un arrebato de responsabilidad pandémica y que, en realidad, le preocupa que el pueblo bueno tiene la costumbre de mentar madres cuando el Presidente aparece en el balcón. O sea que al Presidente el pueblo bueno, pasamos a descubrir, le resulta casi tan intimidante como Lilly, y ahora se enfiesta solo.

Lo cual es, ya les digo, preocupante. Porque, como sabemos los que llevamos año y pico de confinamiento, las garnachas no viajan bien: tienen que comerse in situ.

Sin baño de pueblo y sin tlayudas, los pilares de este gobierno se resquebrajan.

POR JULIO PATÁN

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@JULIOPATAN09

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