miércoles, enero 26, 2022

Una diputada despistada

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Incurriríamos en contradicción si descalificamos prematuramente a la diputada de Morena, Patricia Armendáriz, por declarar que pidió a los padres de los niños con cáncer evidencias del desabasto de medicamentos, no las recibió, dice. Pero esa constancia es posible conseguirla visitando cualquiera de los hospitales en donde se atienden enfermedades de alto impacto, sin embargo, la diputada acudió al expediente más cómodo: esperar las pruebas, y al no recibirlas tal vez seguirá pensando que dicho desabasto es un mito. ¿Por qué un supuesto representante popular acude a ese cómodo método de comprobación de una problemática social tan acentuada? La respuesta a esta interrogante navega en el ámbito de las hipótesis, pues, si bien está comprobado que mientras un individuo ajeno a un cargo de elección popular actúa como crítico del acontecer político, y entonces es un ciudadano “inquieto”, “propositivo”, “luchador social”, “redentor” de las causas populares, una vez montado en el corcel de un cargo público, administrativo o de representación popular, inicia un proceso de metamorfosis de su actuación y de pronto se ubica en el lugar de quienes antes del poder criticaba, ya es otro ser diferente, el fascinante sortilegio del poder lo ha cambiado. Triste, pero ciertamente comprobado.

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