jueves, mayo 19, 2022

El INE, en su encrucijada histórica

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El Instituto Federal Electoral, antecedente del INE, se creó en 1990 como sustituto de la Comisión Federal Electoral, fueron pocos los matices que los diferenciaban porque el IFE seguía dependiendo del gobierno; la primera sesión del IFE la presidió don Fernando Gutiérrez Barrios en su carácter de Secretario de Gobernación en el gobierno de Salinas de Gortari, quien se vio precisado a realizar reformas electorales tras la conflictiva elección que lo llevó a la presidencia en 1988. En 1994 se reformó el Código Electoral y se crearon ya los consejeros ciudadanos, pero fue con la reforma de 1996 donde el IFE encontró los medios para adquirir su autonomía respecto del gobierno, como órgano electoral de Estado. 1997 fue el año cumbre del IFE pues en las elecciones intermedias supo y pudo contribuir a dar las garantías legales a los resultados electorales, que por cierto no favorecieron del todo al hegemónico PRI. Vinieron subsecuentes reformas electorales para fortalecer la autonomía del Instituto Federal Electoral cuya organización de las elecciones presidenciales de 2000, 2006 y 2012, las intermedias incluidas, otorgaron a los procesos de cambios institucionales certeza, legalidad, credibilidad y confianza, pese a los denuestos de quienes no alcanzaron los triunfos deseados. Es con la reforma constitucional de 2014 donde se cambia la nomenclatura del IFE con la creación del Instituto Nacional Electoral, a partir de ese momento se fortalecía la autonomía del órgano electoral y le establecían nuevas atribuciones, como la de poder intervenir y organizar elecciones locales en las entidades federativas, pero siempre resguardando su independencia respecto del gobierno. La narrativa condensa en poco espacio las acciones de este órgano electoral convertido ya en la columna vertebral de nuestra incipiente democracia, su creación es debida a las presiones formuladas desde las fuerzas de la oposición política y de la sensibilidad de los gobernantes para atenderlas para abrir las válvulas de la presión política. Pero, ahora, con un gobierno devenido del ala izquierda opositora, convertida ya en gobierno, cuando el INE, antes IFE, enfrenta un reto que pone en juego su existencia como órgano autónomo, garante de resultados electorales con certeza y créditos legales; ¿podrán superar esa coyuntura el INE y la sociedad mexicana? No pasará mucha agua bajo el puente para conocer la respuesta.

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