lunes, enero 24, 2022

La rebelión de los colgados

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“No es verdad lo que ha dicho el presidente López Obrador y hay que decirlo, porque como parte de la defensa de la democracia debemos enderezar la verdad y no tolerar de los poderes públicos, de ningún poder público, sea el que sea, incluso el más alto, como es el caso, la mentira y la calumnia”, ¿fuerte? Pues así calificó Mauricio Mino lo dicho por el presidente López Obrador respecto a que en las universidades “callaron como momias” frente a las corruptelas cometidas en el sector público en épocas pasadas. Llama la atención lo inusual del comentario porque se refiere al Tlatoani de México, en otras épocas siempre intocable, hasta ahora cuando se advierte que es inaceptable “que el hombre más poderoso del país ni nadie abuse de su condición sin dar respuesta y sin resistencia”. Interesante sin duda ese planteamiento característico de toda democracia, aunque en México todavía es tabú. Sin embargo, no es la primera ni la única voz que escuchamos en ese sentido en nuestro país porque ya antes, en el recinto parlamentario del Congreso de la Unión, aún se escucha el eco de la inusual y sorprendente interpelación que en 1988 hiciera al presidente de la Madrid el entonces senador perredista Porfirio Muñoz Ledo, levantando imprecaciones en su contra porque había atentado contra la “sagrada” figura presidencial, Pero ahora, la desacralización proviene directamente desde la academia y se produce dentro del escenario pugnaz cuyo centro orbita en la defensa de los organismos autónomos, como el CIDE, el IVAI, el INE, las universidades, etc. Y desde esos recintos también se escucha a José Woldenberg, académico, ex consejero presidente del INE, quien al analizar el acuerdo presidencial del 22 de noviembre, que simboliza la opacidad, encuentra graves síntomas en el espíritu que los anima e interpreta el imperativo categórico que lo origina: “Mi voluntad es suprema y aquello que se le oponga debe ser removido”. Merino y Woldenberg son voces muy respetadas en la academia, como en su tiempo lo fueron Pablo González Casanova, Enrique González Pedrero, Francisco López Cámara, y muchos profesores universitarios más, que desde esos recintos han sido voces críticas del acontecer y los actores políticos de su tiempo. Mientras, en las calles aledañas al CIDE y en algunas ciudades del país se escuchan voces de rechazo al nombramiento del nuevo director de esa institución, esa es una señal que debiera ser preocupante para quien opera la política y gobernanza del país de tal manera de evitar su escalamiento. El “bienvenido mal si vienes solo” de Cervantes en su inmortal Quijote queda como anillo al dedo, si a todo lo escuetamente narrado se agrega el ininterrumpido galope del cual jinete apocalíptico es conocido ya como Omicrón, cuyo implacable  embate pudiera ser de lúgubre pronóstico: ojalá nos equivoquemos.    

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