miércoles, agosto 17, 2022

Igual; o peor…

Poniendo aparte a las casas de empeño, a las farmacias, a las funerarias y a la Coca-Cola. De verdad amables lectores, creen que nos va a ir bien y que se van a componer las cosas de aquí al fin de sexenio, como dijo el Presidente…

Los que piensan que sí, que López Obrador les va a cumplir su palabra, están como la esposa ofendida, que le cree al marido que jura por todos los santos que nunca volverá a suceder que lo cachen con otra.  Lo que ya había sucedido otras veces con anterioridad, o sea, que no era la primera.  Y hasta lo perdona; cuando eso lo ha hecho cada vez que cambia de secretaria…

Por ahí dicen que “Perro que come huevos, aunque le quemen el hocico”.  Por lo que podrá esperarse que el pillín del marido, en una de esas se vuelva más cuidadoso.  Pero ni así.  Generalmente el hombre no es muy vivo.  La mujer es más lista -bueno; tampoco, también se tropiezan con la misma piedra-. Y eso se ve claramente desde la infancia…

Tan listas son, que nos hacen como quieren.  Para engañar a una mujer se tiene que ser un maestro.  Solo que un maestro no hace esas cosas.  Tienen un instinto endemoniado para saber cómo son las cosas; y sin haberlas analizado.  Como que las detectan…

No en pocas veces las han acusado de brujas.  Son temibles.  A las mujeres no se les conquista. Ellas nos seducen y nos manejan.  Ley de La Madre Naturaleza es que las hembras sean las que seleccionan y aceptan al macho.  Y nosotros nos la creemos; y a cumplir…

Claro que hay machos $eductores.  Como el asesino de Yrma Lydya, capaces de hacer el ridículo, exhibiéndose con una joven que podría ser su nieta.  Presumiendo de macho, cuando a esa edad, al pasar con atractiva jovencita “escuchan” los más acres pensamientos y todos coinciden: ¿Qué le vio?  ¡Lo va a matar!…

Aunque hay novelas de viejos millonarios que acaban siendo asesinados por la última de sus esposas, envenenados, aventados por la escalera; o algo más ingenioso, como descomponerle los frenos del Porche, o ponerle dinamita en el celular; pero no a tiros.  Y menos delante de testigos en un restaurante de postín donde lo conocían de antaño…

Esos romances “apasionados” marca José Ramón, Elba Esther, La Gaviota, Diana, etc. donde el interés y el capital son lo más importante, no son nada originales. A través de la Historia siempre han existido matrimonios de conveniencia…

Niños con mujeres adultas y viceversa, niñas con hombres muy mayores.  Eran como tratados de paz muy utilizados en Europa; y luego entre parientes.  Pero generalmente terminaban con adulterios…

Pensar que ese tipo de uniones de conveniencia va a acabar bien; es tanto como pensar que al final del sexenio ya no va a haber delincuencia, cuando esta democracia de conveniencia no pinta nada bien…

Confiar que alguno, el que sea, de los candidatos destapados y no destapados, del partido que sea, va a sacar a México del problema de la violencia; es tan iluso, como creer que el ratoncito les va a traer una sorpresa si le dejan el diente debajo de la almohada…

¿Han cambiado las cosas con el PAN; y con el regreso del PRI; y ahora con Morena?  Por qué entonces habrían de cambiar; si nadie puede llegar a un destino diferente si sigue por el mismo camino…

Y el camino que se ha seguido; y sin duda se sigue, es el presidencialismo.  Y eso es precisamente lo que hay que cambiar. De no ser así, pues nadie lo propone, qué caso tiene seguir en el show, si todo va a seguir igual; o peor.

“En un cambio de gobierno, el pobre rara vez cambia de otra cosa que el nombre del amo”.  Cayo Julio Fedro (14 antes de esta Era – 50)    

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