sábado, octubre 1, 2022

La jettatura de «los carniceros de hoy serán las reses de mañana».

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Ignoramos si tal ocurre en otras latitudes del planeta con la exactitud que observamos en México, pero aquí abundan los casos con los cuales se comprueba la cruel pero aleccionadora máxima: “los carniceros de hoy serán las reses de mañana”, cuya ominosa exactitud se asemeja a un bumerang que se revierte contra quienes ejercitan el poder político y después de abandonar la posición que eventualmente disfrutaban las circunstancias se les revierten. Esta condición se compagina con el dictado de otra aleccionadora sentencia: “cuando truenas cohetes recuerda que llegará el tiempo de recoger las varas”, todo para confluir en la máxima de máximas originada en tiempos del imperio romano, cuando a quien vitoreaba la multitud congregada en la plaza pública un siervo le recordaba su condición humana para evitar se ensoberbeciera y considerase un semidiós. Pero en efecto, el hombre es el único animal que tropieza dos veces, o más, con la misma piedra. Lo pudiéramos constatar con el caso de Jaime Rodríguez, “El bronco”, quien siendo gobernador de Nuevo León planteó la alevosa propuesta de cortarle un brazo a quien abusara del recurso público, y ahora, en la soledad de su íntima conciencia, cuando está sometido a proceso judicial ¿cuál será su reflexión? O, más cercano, aquí en la aldea, el caso de Luis Ángel “N”  el primer Fiscal “autónomo” veracruzano en los tiempos duartescos, capturado después por la Fiscalía a cargo de Jorge Winckler bajo el cargo de desaparición forzada; y ahora es el fiscal de Yunes Linares quien ha sido capturado bajo el cargo del delito de aprehensión ilegal de la libertad en su modalidad de secuestro acusado por quien fuera chofer de Luís Ángel “N”, configurando así una extraña y hasta maléfica sucesión de casos entre quienes un día se sintieron intocables, cual poseedores de la flama divina. No sabemos si esa cadenita proseguirá su inefable e iterativo curso, pero por el acontecer de estos hechos no es difícil deducir que los caminos de la vida pueden tornarse difíciles para quienes por algún tiempo en el cielo se creyeron. Muy explicable, porque, como lo enseñaba Séneca:  “Errare humanun est”: “Es de humanos errar”.

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