domingo, noviembre 27, 2022

La Marcha

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La realización de la Marcha de mañana 13 de noviembre en protesta contra la reforma electoral de factura gobiernista tiene muchas lecturas, una medularmente significativa es la de convertirse en un parte aguas a partir del cual la oposición al gobierno comenzará a tomar forma y fuerza de alcances muy competitivos para 2024; otra, se refiere a la actitud de los partidos de la Alianza respecto a este movimiento surgido de la sociedad civil (¿cooperarán en sinergia, o pretenderán adueñarse de esa movilización?), y una más, quizás la más importante, es la expectativa que podría despertar al interior de la sociedad mexicana reviviendo emociones aún adormiladas debido al impacto del resultado electoral de 2018. No está por demás señalar que muchos políticos retraídos de la acción partidista podrían comenzar a asomarse para agregarse al movimiento oposicionista hacia 2024. Por supuesto, eso del parteaguas es solo una metáfora, pues últimamente han venido ocurriendo sucesos merecedores de ése matiz: el hackeo a los archivos de la SEDENA, por ejemplo, convertido en un arcón pleno de sorpresas por cuanto ha revelado y lo que aún falta por conocerse. Como fuere, los últimos acontecimientos han complicado la marcha “normal” del gobierno, y de seguir así la imagen de invencible de MoReNa pudiera desvanecerse; eso sin considerar la violencia desbordada que provoca día a día dramático derramamiento de sangre humana, lamentable circunstancia a la cual al parecer ya nos acostumbramos porque tales sucesos ya forman parte intrínseca de nuestro escenario social. Por otro lado, en la semana finiquitada, el primer mandatario fue prodigo en descalificaciones contra quienes promueven la Marcha de mañana domingo, esa reacción recuerda el axiomático refrán: “en política, quien se enoja pierde”, porque los calificativos endilgados al adversario operan como boomerang que lesionan su elevada investidura. En estratégica sugerencia, el presidente invita a los organizadores llegar hasta el Zócalo y no quedarse en el hemiciclo a Juárez o en el Monumento a la Revolución. Ambas partes miden sus fuerzas, porque una marcha que convoque a 20 mil o 25 mil personas en voluntaria asistencia en la CDMX es bastante aceptable, pero en la plancha del Zócalo el riesgo de los espacios vacíos es inminente, lo cual vendría como anillo al dedo de quien sabe manejar la conciencia colectiva, pues sería motivo aprovechable para el comentario mañanero destacando la “escasa” participación. Por esa hipotética inferencia el discurso de Woldenberg se escuchará en el Monumento a la Revolución, pero si la convocatoria excede las expectativas acaso se trasladaría al Zócalo. Salvo mejor opinión.

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