viernes, febrero 3, 2023

Un cierre presidencial de pronóstico reservado

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Ya en pleno último tercio de su gobierno, el presidente López Obrador enfrenta un panorama bastante complicado, por cuanto a su deseo de ver consolidada la continuación de su proyecto de nación y porque esa inercia conlleva inherentes complicaciones. Entre estas, quizás la de mayor calibre, consiste en lograr una candidatura presidencial ad hoc a su propósito, sin causar serias convulsiones o rupturas al interior de su partido, y de esta manera alcanzar el triunfo electoral en 2024. Sin embargo, ese proceso no es lo lineal que se quisiera pues interviene la participación de actores políticos coparticipes del proyecto y por lo mismo aspiran a proseguirlo desde la presidencia de la república, en esas andan la señora Sheinbaum, Adán Augusto, Ebrard y Monreal. Este cuarteto está actuando en la lógica de sus posibilidades, dos mantienen su cordón umbilical (es Claudia, y Adán para que siga López), y otros dos mezclan su asociación política con AMLO con la huella de sus respectivas trayectorias (Ebrard y Monreal), aunque los tres primeros juegan con balón y el último lo hace de líbero, en términos de boxeo, hace rounds de sombra. Tal cómo es posible advertir a simple vista, en esa decisión no la tiene fácil el presidente, porque en la dinámica del movimiento sucesorio cada uno de esos actores se está moviendo, hasta ahora, al ritmo impuesto por quien decidirá, pero todo hace suponer que en la medida de los tiempos tanto Ebrard como Monreal harán valer el peso específico de sus respectivas experiencias y relaciones. Visto así, AMLO tendrá que recurrir a toda su experiencia en la praxis político-electoral y partidista para resolver la candidatura con el menor recuento de daños, para así enfrentar a una fuerza opositora cuyas dimensiones, si bien hasta ahora no muestra competitividad, es perceptible una posible cohesión de factores de poder. Para suponer esto último, tomamos como referencia el cúmulo de problemas adicionales para un presidente en sus últimos dos años de gobierno: la inseguridad de apariencia incontrolable, las obras insignias de este gobierno sin resultados satisfactorios (porque ni el AIFA ni Dos Bocas, ya inaugurados, dan señales de buenos rendimientos); la pretendida escalada de los Servicios de Salud a niveles de los Países Bajos se antoja cuesta arriba, porque nada hay en la actual realidad que señale tal conversión, pues para tal objetivo se requiere de recursos millonarios adicionales a los anualmente invertidos y lo presupuestado para este año no señala hacia esa meta. Hay mucho más en ese recuento de prioridades presidenciales, pero no es propósito de este espacio reseñarlas por completo. Si en cambio, sería deseable que el presidente tuviera el éxito prometido en su programa de gobierno, pues salta a la vista que si así fuera México sería otro: ¿quién no desea mejores servicios de salud? hospitales con suficiente abasto de medicinas y equipo suficiente, con menor número de consultas y cirugías no diferidas, insumos suficientes para quimioterapias, etc. ¿Acaso no merecemos un país con seguridad para convivir en paz y tranquilidad? Y la educación, el pilar de desarrollo de toda nación ¿no requ8iere de mejores estrategas en vez de los mediocres titulares comisionados para atenderla?  Cuando nació el Estado Moderno estos fueron los tres expedientes que justificaron su creación, cual soporte indispensable para el desarrollo económico y la coexistencia pacífica y armónica. Obviamente no lo hemos logrado, de allí la validez de la expresión: “si le va bien al presidente, le va bien a México”. Lástima que solo sea una bonita frase.

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