El voto de castigo

Por observación debemos concluir de manera empírica que es muy difícil asumir la existencia del llamado voto de castigo como factor electoral determinantes, considerado este como una reacción ciudadana en contra del mal gobierno del partido en el poder. Sin embargo, tenemos constancia fidedigna acerca de que no siempre el partido en el gobierno está en riesgo de perder una elección a causa de una mala gestión pública. Por supuesto, participan variables de no...
jueves, abril 3, 2025
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Veracruz quebrado

Se ha dicho aquí, hasta la saciedad. El nuevo gobierno de Veracruz recibió las finanzas públicas en absoluta quiebra. Hay problemas estructurales, como la falta de fondos para la nómina educativa, el subsidio a las pensiones y la falta de recaudación propia (o sea, la dependencia de las participaciones federales). Pero la ratería, la rapiña en el manejo del dinero público, que no sólo no detuvieron sino incrementaron astronómicamente Cuitláhuac García, su primo Eleazar Guerrero y muchos otros gaseosos, por ahora impunes, llevaron el robo al extremo (no me...

¿La economía va bien o mal? 

Por Raúl Arias Lovillo 

Entre las muchas cosas que nos dividen hoy a los mexicanos se encuentra el tema de la economía. Para el sector social que es partidario del gobierno de la cuarta transformación, la economía mexicana se encuentra en excelentes condiciones; para el sector crítico del gobierno, la economía de nuestro país se encuentra en malas condiciones y encierra una crisis financiera muy fuerte a principios del siguiente sexenio. Por supuesto, no se trata exclusivamente de opiniones, hay que analizar los datos al respecto.

No vamos regatear aquí los logros de AMLO. El presidente ha destacado sus principales resultados: aumento del empleo, fortaleza del peso y confianza de los inversionistas extranjeros. Se afirma que México se ubica como uno de los países con “más bajo desempleo en el mundo”. Con cerca de 22 millones de trabajadores en el IMSS y con mejoras históricas en el salario (promedio mensual de 16,263 pesos, dice el discurso oficial). “Este año el crecimiento económico ha superado todas las expectativas”: esperan un crecimiento del 4% del PIB. Incluso, algunos especialistas muy optimistas comentan que la economía mexicana “está por emprender el vuelo”, gracias al crecimiento de algunos sectores como construcción, transporte y urbanización. También se destaca el famoso fenómeno del nearsourcing (relocalización de empresas) que propiciará enormes inversiones extranjeras en el sector industrial. La mayoría de seguidores del gobierno repiten estos logros en cada charla de café y en redes sociales, sin matices y sin el menor sentido crítico.

Veamos el otro lado de la moneda. Empecemos por el crecimiento económico: el gobierno de AMLO inicia con una caída del 0.2% en 2019 y con una histórica caída del 8% del PIB (la más grande en un siglo en México) y una de las más altas de los países en la etapa de la pandemia del COVID. Se ha repetido por especialistas internacionales que esta enorme caída se debió a la pésima gestión de la pandemia, a la casi nula atención de los pequeños y medianos empresarios del país y a la falta de inversiones emergentes. Pese al optimismo actual, de todos modos el gobierno de AMLO registrará el más bajo promedio de crecimiento económico de los últimos 30 años.

Estaba tan abrumado con el resultado del crecimiento económico de los dos primeros años de su gobierno, que AMLO solicitó que no se hablara más de crecimiento sino de desarrollo económico. Mientras el primero se refiere a la totalidad de bienes y servicios producidos en un periodo de tiempo en el territorio nacional, el desarrollo económico mide el nivel de bienestar de la sociedad. Pero recordemos que nunca habrá bienestar sin crecimiento económico.

Las más grandes preocupaciones para los críticos del gobierno tienen que ver con la pérdida de bienestar social de los últimos años y con la potencial crisis financiera que se asoma.

Para empezar, el próximo gobierno no va a contar con las favorables condiciones financieras que tuvo el gobierno actual. Unos cinco puntos porcentuales del PIB que equivalen a unos 850,000 millones de pesos de ingresos públicos y de reservas de gobiernos anteriores, que permitieron el excesivo gasto de los primeros años. Adicionalmente, se debe destacar que actualmente se mantiene la deuda total más alta de los últimos cuatro sexenios, equivalente al 49.4% del PIB.

Los programas sociales del actual gobierno constituyen una enorme presión fiscal. Pero una fuente más importante de presión fiscal proviene de los grandes proyectos del presidente: el AIFA, el Tren Maya, la línea aérea del ejército, el Banco del Bienestar, entre otros, que con certeza seguirán operando con déficit y que requerirán de transferencias gubernamentales, que obviamente habrá que financiar. Aparte tenemos a Pemex y CFE, con enormes pérdidas por refinación, visión obsoleta y una ineficiente administración.

Para quien ocupe la presidencia en el próximo sexenio, si realmente le interesa el desarrollo del país y el bienestar de la sociedad, tendrá que incrementar de manera significativa los recursos financieros destinados a educación, ciencia y tecnología, y a la salud, considerando que estos sectores fueron notoriamente castigados por AMLO.

La economía avanza y muestra solidez en algunos rubros gracias a factores externos y no a acciones de política económica interna. Por si fuera poco hay más pobreza extrema, violencia e inseguridad. Las ineficiencias del actual gobierno impiden el funcionamiento adecuado que corresponda a la doceava economía del mundo. Existen enormes divergencias entre el crecimiento del norte y el pobre crecimiento de los estados del sur. Nuestro país está lejos aún de haber construido las condiciones de un desarrollo integral. Mientras una buena parte del territorio nacional se encuentre sometido al control de los grupos del narco y a una pésima gobernanza el futuro no será promisorio.

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