Andrés Manuel López Obrador reaparece desde Palenque para pedirle al pueblo mexicano que “no robe”. Después de todo lo ocurrido durante su sexenio, la frase parece más provocación que consejo.
Porque mientras AMLO presumía haber acabado con la corrupción, bajo su gobierno creció una gigantesca trama de huachicol fiscal que penetró las aduanas controladas por las Fuerzas Armadas. Hoy existen investigaciones judicializadas, militares procesados y una red que involucró a integrantes de la Marina.
Y las preguntas llegan peligrosamente cerca de su círculo. En expedientes y testimonios sobre el huachicol fiscal ha aparecido el nombre de Andy López Beltrán, aunque hasta ahora no existe una acusación penal ni prueba judicial que establezca su participación. También empresarios cercanos a los hijos del expresidente han sido señalados en investigaciones periodísticas relacionadas con contrabando de combustible y contratos públicos.
A eso se suma otro problema que AMLO nunca consiguió borrar con mañaneras: durante su gobierno hubo gobernadores y personajes de Morena objeto de señalamientos sobre presuntos vínculos con grupos criminales. Algunos señalamientos siguen siendo materia de investigación y otros nunca han sido acreditados judicialmente, pero el cúmulo de casos hace imposible despacharlos todos con el viejo recurso de culpar a los adversarios.
AMLO repetía: “no mentir, no robar y no traicionar”.
Pero mientras predicaba honestidad, el huachicol fiscal movía millones, las redes de corrupción alcanzaban instituciones que él mismo militarizó y hoy las investigaciones siguen acercándose a personajes de su propio entorno político.
Ahora López Obrador vuelve a pedir que no roben.
El problema es que México ya no necesita sermones desde Palenque. Necesita saber quiénes robaron durante su gobierno, quiénes los protegieron y hasta dónde llegaba realmente la red.

