El episodio histórico que estamos viviendo en México es inédito porque los expedientes relativos a la corrupción han elevado sus decibeles a niveles nunca alcanzados. Paradójicamente es en el régimen que ofreció terminar con esa añosa lacra en donde brotan como hormigas los casos de corrupción, numerosamente vinculados al Movimiento encabezado por quien enarboló la bandera del no robar, no mentir, no traicionar. Si acaso hubiere algo peor es el increíble esfuerzo presidencial por desviar la atención del caso Taddei para culpar a quienes dirigieron al INE desde 2014 hasta el ingreso laboral de la actora del escandaloso affaire en esa institución que debiera ser señera de la confianza ciudadana. Ante la evidencia, el discurso oficialista que intenta culpar a Lorenzo Córdova de la contratación de Guadalupe Taddei en el INE pudiera resultar contraproducente si se argumentara que la señora Taddei comenzó a cometer fechorías a partir de 2024, cuando la bancada de MORENA en le Cámara de diputados legisló para otorgarle facultades para el manejo discrecional del INE. Lo inocultable avisa que la señora Taddei está políticamente más vinculada a Durazo, quien acaba de confirmarlo en la mañanera.
Es grave el daño moral a la institución creada para otorgar confianza y credibilidad a los procesos electorales. La garante de dar a la ciudadanía mexicana la seguridad de que su voto cuenta y decide fue carcomida por la avaricia y las complicidades desde el poder. Así sucede cuando lo importante y prioritario radica no en gobernar para solucionar problemas sociales sino para mantenerse en el poder. Enriquecimiento ilícito, uso abusivo de funciones son acusaciones que se persiguen de oficio, el escándalo mismo provocado por este caso presume prisión preventiva, que ya se hubiera aplicado si la parte involucrada militara en “la extrema derecha” y no en MORENA. He aquí otro expediente más en que el gobierno se verá comprometido a actuar conforme a la ley, o a mostrarse, como en los casos de Rocha Moya, Inzunza y demás caterva, en solidaridad cómplice. Sería una raya más al tigre.

