El voto de castigo

Por observación debemos concluir de manera empírica que es muy difícil asumir la existencia del llamado voto de castigo como factor electoral determinantes, considerado este como una reacción ciudadana en contra del mal gobierno del partido en el poder. Sin embargo, tenemos constancia fidedigna acerca de que no siempre el partido en el gobierno está en riesgo de perder una elección a causa de una mala gestión pública. Por supuesto, participan variables de no...
jueves, abril 3, 2025
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Veracruz quebrado

Se ha dicho aquí, hasta la saciedad. El nuevo gobierno de Veracruz recibió las finanzas públicas en absoluta quiebra. Hay problemas estructurales, como la falta de fondos para la nómina educativa, el subsidio a las pensiones y la falta de recaudación propia (o sea, la dependencia de las participaciones federales). Pero la ratería, la rapiña en el manejo del dinero público, que no sólo no detuvieron sino incrementaron astronómicamente Cuitláhuac García, su primo Eleazar Guerrero y muchos otros gaseosos, por ahora impunes, llevaron el robo al extremo (no me...

Del «cállate chachalaca» a Loret de Mola

Lo último

Es tremenda la pifia en que incurrió el presidente López Obrador al revelar los supuestos ingresos anuales del periodista Carlos Loret de Mola, “está enojado”, dicen algunos, y lo atribuyen a su ánimo autoritario, una condición ya demostrada durante la campaña presidencial de 2006 cuando, exacerbado por la abierta injerencia del presidente Fox en el proceso electoral, le espetó “ya cállate chachalaca”, fue el momento a partir del cual las cuotas a favor del “peje” comenzaron un sensible declive. Ahora, en este diferendo con Loret de Mola no le ha ido bien al presidente, empezando por la desproporción de fuerzas, pues aquí no habló López Obrador, sino el presidente de la república escenificando una pugna muy dispareja con un ciudadano mexicano que hace uso de su libertad de expresión. Se pudiera estar de acuerdo o no con la actividad periodística de Loret, sin embargo, el hombre público siempre estará a la vera del escrutinio público, tal ocurre en una democracia donde se privilegia la transparencia y la rendición de cuentas. Han transcurrido ya 38 de los 72 meses que abarca el periodo de un sexenio de gobierno en México, es decir, aún restan 34 meses para concluir el periodo de gobierno 2018-2024, mucha agua habrá de correr bajo el puente. Ojalá se serenen los ánimos desde el poder, aunque el nerviosismo es comprensible porque hay asignaturas pendientes a cuyo cumplimiento cada vez más se antoja más difícil darle cabal atención: la inseguridad pública es uno de los más candentes, pues la delincuencia sigue ganando terreno al Estado; conseguir elevar el servicio de salud de México a altura semejante al de los servicios de salud de Noruega o Canadá se ve prácticamente imposible, y como de lo perdido lo que aparezca ya solo se pide se resuelva el criminal desabasto de medicinas. Del crecimiento económico a un ritmo promedio del 4% es utopía inalcanzable por el momento en México, pese a que otros países aún en pandemia han alcanzado saldos positivos. Nadie en su sano juicio querrá le vaya mal al presidente, porque en ese carácter es responsable del destino común de los mexicanos; 34 meses no son pocos si se administra con prudencia y aplican políticas públicas de auténtico bienestar y crecimiento, conseguirlo será la prueba de fuego de quienes ahora gobiernan, porque en el balance lo único que cuenta son los resultados.

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