viernes, diciembre 9, 2022

El pleito entre Cresencio y Ojeda en los Guacamayaleaks

Serpientes y Escaleras

Salvador García Soto

Uno de los primeros temas que afloraron entre los miles de correos y archivos cibernéticos robados al Ejército por el grupo de hackers de los Guacamayas fue la existencia de un fuerte pleito entre los secretarios de la Defensa, general Luis Cresencio Sandoval, y de Marina, almirante Rafael Ojeda Durán. La confrontación existe y no es nueva, lleva ya casi tres años y no se refiere solo a diferencias por temas como el manejo del aeropuerto capitalino —como se lee en uno de los mensajes privados que se hicieron públicos— sino que se trata de un enfrentamiento abierto y conocido por el presidente.

Aunque al inicio del sexenio los dos secretarios de las Fuerzas Armadas tenían una buena relación, porque ambos tenían en común haber llegado al cargo de manera sorpresiva y sin que fueran necesariamente los que merecían el nombramiento por escalafón o por recomendación de sus antecesores, la relación comenzó a tensarse y luego a confrontarse conforme el presidente López Obrador les fue dando cada vez más poder y presupuesto al Ejército y a la Marina, al asignarles responsabilidades y labores civiles que no les corresponden ni por ley ni por la Constitución, pero que las dos instituciones, la castrense y la naval, aceptaron como una «orden» de su comandante supremo.

Fue el papel cada vez más político y el enorme poder civil que adquirieron la Secretaría de la Defensa y la Secretaría de Marina en este gobierno, el que agudizó y atizó las diferencias personales que empezaron a surgir entre el general secretario y el almirante secretario. En contraste con sus antecesores en ambos cargos, Salvador Cienfuegos y Vidal Francisco Soberón, que durante el sexenio pasado siempre mantuvieron una relación cercana y de cooperación, Luis Cresencio Sandoval y Rafael Ojeda comenzaron a caer en chismes e intrigas palaciegas, al ser ambos dos de los hombres del gabinete que más ven y hablan con el presidente a quien ven todos los días en las reuniones del gabinete de seguridad.

El celo histórico y la competencia que siempre ha existido entre la Defensa y la Marina, afloraron rápidamente, según dicen fuentes de Palacio Nacional, atizados por quejas y comentarios del almirante Ojeda, que comenzó a cuestionar que a la Sedena se le diera más apoyo y presupuesto que a la Marina. «El almirante empezó a aprovechar sus momentos a solas con el presidente para pedirle que confiara más en la Marina, que no le diera prioridad al Ejército y que el papel de la Armada era también importante», dijo a esta columna una fuente del actual gobierno.

Los choques comenzaron a producirse en las reuniones de gabinete y las diferencias entre los secretarios se hicieron evidentes para otros funcionarios. Conforme más encargos y funciones civiles daba el presidente a la Defensa y a la Marina, se comenzaron a producir más fricciones entre las fuerzas armadas. Un exintegrante del gabinete asegura que lo que más atizó el pleito fue la personalidad del almirante secretario, al que define como «un convencido, fanático de la 4T» que ha llevado la lealtad institucional como titular de la Marina a «un tema de admiración y fanatismo hacia el presidente que raya a veces en la abyección».

Por ejemplo, la Marina suspendió todos los programas de colaboración, intercambio, inteligencia y capacitación que tenía con la agencia antidrogas del gobierno de Estados Unidos, la DEA, a partir de que el presidente López Obrador le dio la orden al secretario por la animadversión y desconfianza que el mandatario le tiene a esa agencia, a la que acusa de haber sido favorecida en el sexenio de Calderón y haber incurrido en acciones injerencistas en territorio mexicano a partir de su cercana relación con la Semar.

Internamente en el gabinete se habla de varios episodios en los que el general y el almirante han chocado en sus opiniones, sobre todo en lo que respecta a la estrategia de seguridad en la que Marina reclama tener más relevancia y se queja de que se le dé más peso al Ejército en los operativos y las acciones de seguridad en el territorio nacional.

El episodio que apareció en los informes hackeados a la Sedena, con la carta donde el almirante Ojeda le reclama al general Sandoval sus opiniones sobre la seguridad en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México el 22 de junio pasado, es parte de esos episodios en los que las dos dependencias rivalizan y compiten por el reconocimiento presidencial en sus labores civiles. «Esto no es cuestión de números, sino de coordinación entre instituciones, siempre respetando nuestras áreas de competencia… nunca con la intención de buscar protagonismos», le dice en esa carta el almirante al secretario de la Defensa.

Ha habido muchos otros temas en los que los dos secretarios se han confrontado en una relación cada vez más tensa que ya es vista dentro del gabinete como un tema de «protagonismos» entre los jefes de las Fuerzas Armadas que hoy tienen más poder que nunca dentro del gobierno mexicano. El presidente está al tanto de las diferencias y los choques entre el general y el almirante, y aunque ha buscado a través de intermediarios que resuelvan sus diferencias, al igual que ha ocurrido en otros pleitos fuertes ocurridos al interior de su equipo de trabajo, López Obrador los deja correr hasta que eventualmente terminan en crisis.

Es cierto que la mayoría de esos pleitos terminan resolviéndose con escándalos políticos, publicaciones o intrigas en columnas políticas o hasta denuncias penales entre los funcionarios de la 4T que se acusan mutuamente de las peores cosas; pero cuando se trata de los dos jefes militares del país, el secretario de la Marina Armada de México y el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional y del Ejército mexicano, dejar correr y crecer un pleito como el que hoy mantienen el general y el almirante, a los que este gobierno les ha incrementado notablemente su influencia, su poder, el presupuesto e ingresos para sus dependencias es, por decir lo menos, peligroso.

otros columnistas