viernes, febrero 28, 2025

Faltan los políticos

Rúbrica

Las sorpresivas -aunque no tan difíciles de explicar- extradiciones “fast track” que hizo el gobierno de México este jueves 27 de febrero de 29 presuntos –por aquello de que no tenían sentencias, lo cual no es un dato menor- criminales a Estados Unidos, suponen un completo viraje en la política que el actual régimen, el de la supuesta “transformación”, había aplicado desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador.

Desde que asumió el poder Donald Trump en su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, las presiones que ejerció sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum –comerciales y hasta de tipo militar- provocaron un cambio total, palpable, en la estrategia de seguridad: se enterró el absurdo cómplice del “abrazos, no balazos” del sexenio obradorista y, como por arte de magia, comenzaron a caer operadores y sicarios de diversos grupos criminales, en especial del cártel de Sinaloa. 

En cuatro meses de la administración de Sheinbaum, han sido detenidos más criminales de alta peligrosidad que en todo el sexenio de López Obrador. Y eso revela una sola cosa: siempre supieron dónde y cómo aprehenderlos. Simplemente, no habían querido hacerlo. Hasta ahora, que se han visto obligados a actuar.

Lo anterior, no solo por las bravuconadas y amenazas de Trump –que con que imponga uno solo de los aranceles con los que amaga, provocaría una recesión económica de grandes proporciones en México-, sino por lo que en realidad los tiene con los pelos de punta: la posibilidad de que el capo que está en Estados Unidos desde el año pasado, Ismael “El Mayo” Zambada, revele con lujo de detalle las redes de complicidad del régimen de la “cuarta transformación” con el crimen organizado. En tiempo presente.

De hecho, las extradiciones de este jueves, que incluyen a algunos de los criminales de más alto perfil y mayor peligrosidad de las últimas décadas, como el famoso Rafael “Caro” Quintero, o los sanguinarios hermanos Miguel Ángel y Oscar Omar Treviño Morales, conocidos como “Z-40” y “Z-42”, han sido interpretadas como una especie de “tributo” o “moneda de cambio” para que, en su lugar, Trump acepte mandar de vuelta a México al “Mayo” Zambada. De manera similar como cuando, en su primer mandato, de manera inverosímil envió de regreso al exsecretario de la Defensa Nacional Salvador Cienfuegos.

Aunque con Trump no hay nada que se pueda predecir con certeza, se antoja difícil que Estados Unidos acepte entregar al “capo de capos”, que posee información estratégica y de primera mano sobre la colusión del narco con los gobiernos mexicanos de los últimos 30 años, pero en especial –y se nota en su reacción- del anterior y el actual, donde permanecen activos y vigentes varios actores cuyos vínculos con delincuentes son inocultables.

Pareciera más bien que la extradición masiva –y tan cuestionable legalmente como el “secuestro” del que se queja el “Mayo” Zambada, pues había procesos judiciales en curso que se supone impedían un traslado de esa naturaleza- es una especie de “manita de puerco” que le hizo el gobierno norteamericano al de México para que, muy “soberanamente”, le entregue delincuentes que había protegido. Pero no en un “trueque de narcos”, sino para que no entren en vigor el próximo martes los temidos aranceles con los que Trump “dobla” cuando quiere a la muy “patriótica” administración de Sheinbaum.

Y lo de que el gobierno mexicano protegió a los “capos” lo dice el propio Departamento de Justicia estadounidense, que en el comunicado en el que informó formalmente sobre las extradiciones, destacó que muchos de los acusados ​​fueron objeto de solicitudes de extradición de larga data que no fueron atendidas durante la administración anterior, la de Andrés Manuel López Obrador.

“Pero que el gobierno mexicano decidió transferir al actual gobierno de los EEUU en respuesta a los esfuerzos del Departamento de Justicia, de conformidad con la directiva del Presidente Trump en la Orden Ejecutiva 14157, titulada Designación de Cárteles y Otras Organizaciones como Organizaciones Terroristas Extranjeras y Terroristas Globales Especialmente Designados, para buscar la eliminación total de estos cárteles”, puntualiza el comunicado.

Aunque para los norteamericanos la aprehensión de “Caro” Quintero es especialmente simbólica –y en una de ésas, termina alcanzando a otro dilecto “protagonista del cambio verdadero” como Manuel Bartlett, tan embarrado como aquel en el brutal homicidio del agente de la DEA Enrique Camarena hace 40 años-, difícilmente se conformarán con eso. Porque los criminales lograron establecer su reinado de terror en México e inundaron de droga Estados Unidos con la complicidad de los políticos, de las autoridades que les fueron entregando el país hasta convertirlo en la desgracia de violencia que hoy es.

Faltan los políticos. Y en Sinaloa, Sonora, Tabasco, Jalisco, Michoacán, Tamaulipas, Puebla, CDMX, Veracruz e incluso en Palenque, Chiapas (si de verdad está ahí) muchos están poniendo sus barbas a remojar.

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