Expresión Ciudadana
Carlos A. Luna Escudero
El anuncio del presidente estadounidense Donald Trump sobre la imposición de aranceles globales, bajo el marco del llamado «Día de la Liberación», dejó al mundo en vilo. Sin embargo, para México, el resultado fue menos catastrófico de lo previsto.
Aunque persisten amenazas en sectores clave como el automotriz, acero y aluminio, el país evitó los aranceles recíprocos que sí afectarán a potencias como China, la Unión Europea, Japón y Vietnam, entre otros. Este respiro relativo no es casualidad: es el fruto de una estrategia diplomática calculada por el gobierno de Claudia Sheinbaum, que combinó pragmatismo y conciliación.
Desde que Trump reactivó su guerra comercial global, México adoptó una postura contraria a la de Canadá. Mientras el vecino del norte amenazó con represalias arancelarias, la administración de Sheinbaum optó por evitar el «ojo por ojo».
Marcelo Ebrard, secretario de Economía, y Omar García Harfuch, titular de Seguridad, encabezaron negociaciones que priorizaron dos ejes: cumplir con demandas estadounidenses en seguridad (como el combate al fentanilo y la migración irregular) y proteger la integridad del TMEC.
Esta estrategia rindió frutos: Trump excluyó a México de los aranceles recíprocos del 10-46% aplicados a otros países. No obstante, el costo fue alto. México aceptó endurecer medidas contra el crimen organizado y mantener vigentes aranceles del 25% para vehículos con componentes no estadounidenses, aluminio y acero. Sheinbaum logró, al menos, evitar una escalada inmediata, pero el mensaje es claro: la relación bilateral depende de concesiones continuas.
Aunque México evitó lo peor, el impacto económico es tangible:
- Automotriz: 25% de arancel a vehículos exportados con componentes no estadounidenses, vigente desde abril de 2025.
- Acero y aluminio: Mismo porcentaje, con efectos directos en industrias como la cervecera.
- Productos no TMEC: 25% para bienes que no cumplen normas de origen (la mitad de las exportaciones mexicanas a EU, valoradas en 300 mil millones de dólares).
Si bien Trump ofreció reducir este último arancel al 12% si México «coopera» en seguridad, la incertidumbre persiste.
Como señala el banco BBVA México, aunque el peso se apreció 1.26% tras el anuncio, los sectores afectados enfrentan un desafío doble: adaptarse al TMEC o perder competitividad.
La prima de riesgo de México se redujo tras el anuncio, y analistas del BBVA destacan que el país está en una posición «menos proteccionista» comparado con Asia. Esto podría impulsar el nearshoring, atrayendo inversiones que busquen evitar aranceles a productos chinos.
Sin embargo, el optimismo es frágil. La bolsa estadounidense previó caídas del 2-3% tras el discurso de Trump, y México no es inmune a una recesión en EU.
Además, como apunta Pascal Beltrán del Río, la confianza en EU como socio se erosiona. Trump ha centralizado el poder arancelario, usando leyes de emergencia para sortear al Congreso. Esto significa que, en cualquier momento, un tuit presidencial podría reactivar amenazas.
No obstante, existen problemas estructurales que podrían minar cualquier ventaja comercial:
- Contrataciones opacas: El Grupo Aeroportuario (GAFSACOMM) adjudicó un contrato de 90 millones de pesos a Procesadora y Distribuidora los Chaneques, empresa acusada de favorecimientos. Esto refleja prácticas clientelares que desincentivan la competencia.
- Migración y opacidad: El Instituto Nacional de Migración firmó un contrato de 640 millones de pesos con ETN Turistar Lujo para transporte de migrantes, pese a que su titular, Francisco Garduño, ya no forma parte del organigrama oficial.
- Seguridad y turismo: Aunque Acapulco reporta una ocupación hotelera del 80.7%, la reunión de Sheinbaum con la gobernadora Evelyn Salgado subraya que la recuperación turística depende de coordinar seguridad ante temporadas críticas como Semana Santa.
Estos casos ilustran que, más allá de Trump, México arrastra lastres de corrupción, opacidad y falta de certeza jurídica que ahuyentan inversiones.
Paradójicamente, la guerra comercial de Trump podría beneficiar a México si logra desplazar a China como proveedor estratégico de EU. Con aranceles del 34% a productos chinos frente al 12-25% para México, hay margen para ganar mercado. No obstante, esto exige:
- Acelerar la integración regional: Asegurar cadenas de suministro norteamericanas.
- Diversificar socios: Explorar acuerdos con la UE y Asia para reducir la dependencia de EU.
- Inversión en infraestructura: Mejorar puertos, carreteras y energía para atraer nearshoring.
El problema, como advierte Beltrán del Río, es que México sigue anclado en un modelo de bajos salarios y mercado interno débil. Sin políticas para crear empresarios nuevos y elevar el poder adquisitivo, cualquier ganancia comercial será efímera.
En conclusión, México esquivó una bala, pero la guerra comercial global apenas comienza. El verdadero desafío no es Trump, sino la incapacidad interna para transformar ventajas coyunturales en desarrollo sostenible. En este contexto y en mi opinión, Sheinbaum debe priorizar las siguientes acciones:
- Revisión urgente del TMEC: Clarificar reglas para sectores estratégicos.
- Combate a la corrupción: Transparentar contrataciones públicas y rendición de cuentas.
- Política industrial: Fomentar innovación y salarios dignos para fortalecer el mercado interno.
En un mundo donde los aranceles son la nueva norma, México tiene una ventana de oportunidad. Pero sin reformas profundas, el «aliado inesperado» Trump solo será un espejismo en el desierto de la incertidumbre.