Los aranceles son poco relevantes: los consumidores que terminan por pagarlos, las empresas que pierden utilidades, las consecuencias para los que exportan desde EUA, la inevitable escasez de productos de consumo y piezas para las cadenas de suministro, el costo político en las elecciones intermedias en EUA; todos estos factores terminarán por poner en su sitio la errónea política de las corporaciones a las que sirve el Gobierno de Trump. Los problemas reales están en otro lado: la oculta y prontamente explosiva crisis financiera del gobierno de México, la deuda pública y privada, el déficit público, la caída del consumo interno, la cancelación de inversiones, el cierre de empresas y los despidos masivos que ya empezaron, el sostenimiento artificial del valor del peso (que por cierto, en nada ayuda a nuestra competitividad), la fuga de empresas y capitales, la desinversión a causa de la desaparición y pudrición inducida del sistema judicial, la irreversible incertidumbre, el incremento de la violencia, de la inflación, la crisis energética (que va desde el huachicol fiscal hasta la importación de combustibles pasando por la escasez de energía), la crisis local del agua. Esta es la verdadera tormenta perfecta. Responden con más ocurrencias, con mucha más demagogia, con promesas absurdas e inviables, con ceguera e incomprensión, sin visión ni proyecto, sin oficio. ¿Será que les vale madre, que realmente quieren la destrucción de México o que su único objetivo es el saqueo, o que la incompetencia supina se apoderó de nuestro pobre país?