En México acostumbramos el ruidoso festejo cuando superamos escaramuzas amenazadoras, pese a que en el símil la guerra no haya terminado: claro ejemplo es la actitud triunfalista del gobierno por haber librado, eventualmente, a la economía nacional de la imposición de aranceles previamente anunciados por el presidente estadounidense. No es poca cosa, debemos reconocerlo. Respecto delas causas del por qué Trump excluyó a México y a Canadá de su imposición arancelaria podemos identificar entre otras a la presión interna de empresarios estadounidenses a su gobierno, por supuesto, también al intenso cabildeo de Marcelo Ebrard, de García Harfuch y de la Fuente, secretarios de economía, de seguridad y de relaciones exteriores, respectivamente, todos bajo la batuta presidencial, porque la presidenta Sheinbaum mantuvo la serenidad en sus decisiones. Pero es conveniente puntualizar que haber librado, por ahora la amenaza trumpiana no significa habernos librado de Trump y sus descocadas políticas; tampoco que vayamos a crecer económicamente más allá del 1% en este año, porque la herencia recibida del anterior gobierno es pesada a las finanzas públicas. Un aspecto positivo de no sufrir los aranceles se reflejará en la competitividad de nuestros productos frente a los de países con aranceles añadidos, será la ganancia durante el tiempo que Trump mantenga su actual política arancelaria.
Por el momento nos libramos de la carga arancelaria, pero no es canonjía gratuita porque trae aparejados compromisos por cumplir por parte del gobierno mexicano. La visita de la secretaria de Seguridad del gobierno estadounidense el viernes pasado es bastante reveladora sobre los compromisos de nuestra parte: mantener limitado el flujo migratorio y continuar la cruzada emprendida contra la delincuencia organizada con resultados exitosos. Si pusiéramos en la balanza el peso de la responsabilidad correspondiente al secretario de Economía, al de Relaciones Exteriores y al de Seguridad Pública pudiéramos colegir que a este ultimo le corresponde la tarea de mayor peso, por cuanto al cumplimiento de las exigencias de Trump: entregar a la justicia de aquel país a destacados personajes vinculados con la delincuencia. Es un compromiso de doble filo porque convence a Trump de una colaboración de resultados y al interior el gobierno recupera territorio disputado por la delincuencia al Estado Mexicano. Serán, además, acciones de suma cero, porque en la medida de acciones exitosas la presidenta se fortalece y a la vez le resta fuerza a quienes al interior de su Movimiento le están escatimando autoridad a la presidencia.