miércoles, agosto 10, 2022

El lugar sin límites

Ojalá después del delito cometido por López Obrador, al violar, en vivo, el artículo 16 de la Constitución, quede claro qué está en juego para el país. Ojalá luego que el presidente de México haya cometido una aberración jurídica y ética contra un ciudadano, sea evidente la línea cruzada, los límites violados. La exhibición del supuesto sueldo de un periodista es aberrante. Es un abuso de poder indefendible.

Es usar de manera facciosa a las instituciones del Estado, al exigir que el SAT confirmara lo presentado en la mañanera. Es un desplante autoritario, ni más ni menos. Y aunque involucra a Carlos Loret de Mola, atañe a todos, periodistas y no periodistas, famosos y no famosos, AMLOvers y quienes no lo son. Al margen de filias y fobias, lealtades y animosidades. Debe emerger un frente unido para que AMLO cese de comportarse como lo hace, poniendo en riesgo al periodismo, erosionando la democracia, traicionándose y traicionándonos.

Que quede claro. El tema no es Carlos Loret de Mola, ni su trayectoria, ni el tipo de periodismo que hace, ni el error que cometió en el caso de Florence Cassez. El tema es la impunidad con la cual el Presidente difama para desacreditar a sus críticos, miente para mancillar la reputación de quienes piensan de manera distinta, distrae para desviar la atención de los problemas que su gobierno no ha logrado resolver. Desde la mañanera, que Carmen Aristegui correctamente ha bautizado como «El Tribunal de la Verdad», el Presidente abusa desproporcionadamente del poder que tiene. Acusa sin pruebas, inventa información, busca pleitos, defiende a indefendibles. Desde ahí hemos presenciado cómo protocolos diplomáticos son sustituidos por pugilismo personal; cómo se vuelve más importante exigir una disculpa a España que ofrecérsela a las madres de los desaparecidos; cómo las obsesiones personales se transmutan en prioridades nacionales. Desde ahí lo hemos visto defender a Pedro Salmerón, Ricardo Salinas Pliego, Gertz Manero, a Manuel Bartlett y a Félix Salgado Macedonio.

Y desde ahí presenciamos la semana pasada, «la locura del rey Andrés», en una reedición de «la locura del rey Jorge», en el siglo XVIII. Pero aquel rey inglés sí era un monarca absolutista, mientras que Andrés Manuel se comporta como si lo fuera. Como si no fuera presidente electo de una República constitucional, con leyes, con contrapesos, con límites, con obligaciones. Como si la Carta Magna, el Código Fiscal de la Federación y la Ley General de Protección de Datos Personales no fueran aplicables a él, su majestad AMLO «El Bueno». AMLO «El Juarista». AMLO «El Nadie Por Encima de la Ley Excepto Yo». Al atacar a Loret de Mola como lo hizo -revelando información confidencial- López Obrador se colocó en el lugar sin límites. El lugar ocupado por líderes de «regímenes híbridos», con rasgos autoritarios, donde The Economist acaba de colocar a México. Hoy contra Loret, mañana contra otras voces críticas, a través del SAT y la UIF y la FGR y todas las instituciones a su disposición. Hoy contra un periodista incómodo, mañana contra cualquier incómodo.

Y no todos son Loret, a cuya defensa se sumaron cientos de miles de personas en un Twitter Space inédito, que fue catarsis para muchos y mítin político para algunos. Hay periodistas a la intemperie, sobrevivientes de la precariedad laboral, censurados desde el poder local, víctimas de la violencia que recorre los estados. AMLO también los pone en riesgo al descalificar a los medios como lo hace. Cuando habla de «prensa chayotera», «prensa basura», «prensa sicaria», da licencia para agredir, primero con las palabras y luego más allá de ellas. Por eso #TodosSomosLourdes, #TodosSomosHeber, #TodosSomosMargarito. Todos somos mexicanos a quienes el Presidente juró respetar, pero a quienes pone en peligro, bala verbal tras bala verbal. El «diálogo circular» se ha convertido en un pretexto para difamar. El «derecho de réplica» se ha vuelto un derecho de represalia.

A López Obrador tenemos que ponerle un alto. Lograr que entienda las consecuencias de sus actos: en términos éticos, en términos políticos, en términos legales. Es un Presidente popular, pero abusivo. Es un político aplaudido, pero deshonroso. Desde Palacio Nacional, López Obrador patea a Carmen Aristegui y a Carlos Loret y a tantos más. Ya en ese lugar sin límites, el próximo pisoteado podrías ser tú.

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