lunes, noviembre 28, 2022

Después ya nada es ni será igual

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De muy mal fario fue para el presidente López Obrador la última semana de septiembre, porque, si bien el indetenible avance de la inflación ya venía operando como pesado fardo sobre las expectativas económicas gubernamentales, agravó la situación la difusión de detalles sobre el caso de Ayotzinapa en el Diario Reforma, y después, por si no bastara, sobrevino la noticia acerca del megahackeo al sistema electrónico de la Secretaría de la Defensa. Con información privilegiada en manos ajenas al gobierno se coloca a este a la defensiva, y expuesto a la revelación de asuntos que por su naturaleza debieran mantenerse en secrecía. Un tema delicado es el relativo a los padecimientos orgánicos del presidente de México, que, si bien no pasan desapercibidos por su manifiesto desgaste físico, revelan lo que se tenía oculto: los problemas de salud del primen mandatario no son cualquier cosa, la edad y las presiones propias del cargo que desempeña dificultan los buenos pronósticos. Si las presiones contra el gobierno ya iban en aumento debido al inexorable correr del tiempo, que comienza a ser un factor se presión adicional a medida de la cercanía del fin del periodo, los hechos de violencia cada vez más frecuentes, las mega obras puestas en grave predicamento, los complicados problemas de la gobernanza, ahora van acompañados por la ya advertida amenaza de que se darán a conocer nuevos hallazgos derivados del referido Hackeo. En tiempos de sustanciales aumentos al precio del pan, esto ocurre justamente en el arranque de la estrategia de darle circo al pueblo, presentando en el Zócalo de la CDMX a bandas musicales preferidas por la muchedumbre, sea dicho sin entonación clasista. “Ya éramos muchos cuando parió la abuela”, cantan en el llano cuando el agua llega al cuello, pero sin duda, tal adagio viene como anillo al dedo para aplicarse a la incómoda posición en que se encuentra el gobierno federal. En estas circunstancias, aplicarle aquel ya trasnochado proverbio del “vamos bien y viene lo mejor”, resultaría irónicamente utópico, porque la salud del presidente de México, quien quiera que éste sea, siempre será tema de preocupación.

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