viernes, febrero 3, 2023

Las filas, ¡a la cola!

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Si el significado del slogan “como México no hay dos” señala hacia un país único e irrepetible, entonces pudiéramos intuirlo como un deseo sublime o mera presunción; sin embargo, en este nuestro solar planetario ocurren cosas que quizás no se repitan en otras naciones, obviamente, se dirá, porque la cultura y las tradiciones se reflejan en acontecimientos típicos de cada lugar. Mucho de verdad acompaña a esto último, pues las características de cada país tienen fundamento genético en su historia, su folklore, tradiciones y costumbres. El día de ayer, por ejemplo, pudimos observar grandes filas de personas esperando acceder a su panadería favorita para comprar su “Rosca de Reyes”, ese detalle para adquirir el pan de cada 6 de enero parecería inexplicable si no fuera parte inherente a una de nuestras tradiciones incubadas en el fervor religioso, que ni San Nicolás, ese paradigma comercial de imitación extralógica entre nosotros podría destronar. El caso nos movió a la reflexión del por qué hacer largas y hasta molestas filas para adquirir lo que quizás este día 7 está más barato y más al alcance; y porque, además, es posible tomarlo con menor esfuerzo y de manera inmediata en cualquiera de las grandes tiendas comerciales de la ciudad. Por extraña asociación, la reflexión fue más allá, porque trajo a la memoria aquellas dramáticas y trágicas filas de judíos obligados a tomar los vagones del tren que los conduciría a los campos de concentración y, como moderna Barca de Caronte, trasladarlos hacia la morada final. También, el recuerdo de las interminables y épicas filas de soldados napoleónicos, ateridos por el frío de la inmensa estepa, para hacerse de un pedazo de pan, tras la fracasada incursión a Rusia. No vayamos más lejos, en 2021 se formaron las imborrables hileras de personas, en escenas de singular expectativa, aguardando ser vacunadas contra el terrible y mortífero virus causante de la pandemia sanitaria iniciada en nuestro país en marzo de 2020; qué decir de la “cola” para recibir la medicina en el IMSS o el ISSSTE, o las conmovedoras filas de familiares a la espera de adquirir un tanque de oxígeno para el familiar enfermo; o la patética hilera de carrozas con su fúnebre cargamento a la espera de un espacio en el horno crematorio. Tras esas imágenes de fugaz aparición, pensándolo bien, qué festivas y lúdicas son esas largas filas para comprar una Rosca de Reyes, para degustarlas en tibias reuniones familiares con paz y tranquilidad. Si todo fuera como eso…

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