lunes, enero 17, 2022

Vuelta a la página del calendario, y cual Sísifo, a renovar esperanzas

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Ya cayó una hoja más del robusto y muy comprometido calendario de la humanidad, en muchas de sus naciones entre las cuales figura México ese evento da oportunidad para renovar esperanzas porque la inestabilidad en la que nos insertamos no ha permitido otear visos de mejoría colectiva, ni observar significativas señales de positivas mejorías. Estamos en la tesitura del rey Sísifo de la mitología griega, condenado a empujar hacia lo alto de una colina una piedra, que casi al llegar a la cumbre rueda de nuevo hacia abajo en una incesante sucesión de veces: así estamos en México cuando al avanzar el calendario hacemos votos por mejores designios. En política cambiamos en 2000 y 2006 al PRI por el PAN, tal cual lo volvimos a hacer en 2018 con MORENA, y nada parece haber mejorado, sino todo lo contrario. Hace cinco años, el gremio católico nacional recibió con beneplácito a Franco Coppola como nuncio apostólico representando al Papa Francisco en México, ayer cerró su ciclo de cinco años en este país y regresó a Roma, no sin antes recetarnos una patética homilía: México “tan rico, tan fiel, tan creyente, pero tan azotado por la violencia, por la muerte”, un país rico con “muchísimos recursos materiales y humanos”, pero “con enormes desigualdades sociales y dividido…”, y ni modo de contradecirlo porque describió fielmente nuestra realidad “en tiempo real”. Y ¿cómo negar esa realidad si nos abruman cada día la inseguridad pública, la pobreza, las desigualdades, el estancamiento económico, la pandemia y la inflación? Cual jinetes del apocalipsis. Agoreros del desastre, solía decir en su tiempo el presidente Zedillo cuando se describían las penurias finiseculares de aquel México del siglo XX, que de ninguna manera han desaparecido en casi tres décadas del siglo XXI. Peor aún si desde la perspectiva nacional volteamos la mirada hacia la aldea veracruzana porque tampoco encontramos hábitos para vestirnos de optimismo, por el contrario, debemos asumir el mea culpa, al observar cómo un destacado senador zacatecano llega a nuestro solar para reclamar (por las razones que fueren) en contra del bodrio legal representado por la instalación del delito de ultrajes a la autoridad, porque aquí, quienes integramos el contexto social veracruzano no supimos hacerlo. Hemos de confesarlo paladinamente que, ya sea por miedo, por “prudencia”, por incapacidad para la protesta, por comodina conformidad, etc., no levantamos la voz para protestar contra ese auténtico atentado contra las libertades sociales, y ha sido solo por la intervención de Monreal que la CNDH se movilizó y ha recomendado al gobernador veracruzano su derogación. Seis jóvenes veracruzanos con sus respectivas familias sufrieron la arbitraria detención por supuestamente haber “ultrajado a la autoridad” pero ¿acaso nuestra policía ha alcanzado los parámetros establecidos para garantizar con solo su palabra la correcta aplicación de la ley? Porque en este caso su dicho tuvo mayor peso que las pruebas contundentes que los desmentían ¿por qué? ¡esa es la cuestión! diría el clásico. Tiene el gobernador Cuitláhuac García la oportunidad para demostrar sensibilidad social y proceder a desaparecer de nuestro marco normativo el delito de referencia, no sería desdoro si así lo hiciera. Pero, a cambio de los tétricos escenarios, la ocurrencia, o en este caso la audacia producto de la ignorancia proporciona oportunidad para el entretenimiento, porque la nota más reciente la da el Procurador del Medio Ambiente, Sergio Rodríguez, quien “reta” a “debatir” al presbítero José Manuel Suazo Reyes respecto al proceso electoral de Ciudad Mendoza, no sin antes ufanarse que “ni Fidel ni Miguel Ángel lo asustaron en su momento”, y como si fuera disputa callejera espeta: “quítese la sotana”. Habrase visto, ¡qué tiempos señor san Simón! Decían en el llano.    

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