sábado, junio 25, 2022

La dramática narrativa de estos tiempos

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Éste jueves, en una calle de la ciudad de Villagrán, en Guanajuato, se repitió la escena de lugar común en todo México al cometerse un homicidio más de los cientos de miles registrados como simples números en este atribulado país. Lo acontecido en aquella ciudad del Bajío ha sido replicado miles de veces en las redes sociales: dos asesinos (que en el lenguaje oficial se les reconoce como “seres humanos”) balearon y dieron muerte a un funcionario del área de seguridad de Villagrán. En el suceso “los seres humanos” actuaron con eficiencia digna de mejores causas, porque realizaron la tarea encomendada con ligereza de movimientos y mucha precisión, dejando en el lugar un hombre muerto y una familia destrozada, incluido un niño de brazos. Esa fatídica operación de precisión quirúrgica para extirpar del contexto social a un padre de familia tuvo el éxito esperado por quienes contrataron a los “seres humanos” para liquidar a ¡otro ser humano! Y pone en predicamento al sofisma promovido del “somos buenos”, un artilugio político para los oídos de buenos samaritanos cuyos actos se rigen por la fe.

¿En qué México vivimos? ¿desde cuándo los asesinatos sin castigo se han enraizado en nuestro costumbrismo social? Es patética la interrogante, pero no vana, porque en lontananza, en fugaz retrospectiva recordamos los días de apacible tranquilidad del México moderno, de cuando la preocupación ciudadana central consistía en defenderse de los carteristas en autobuses urbanos, o en el robo en domicilios, de cuando para cometer un crimen el delincuente buscaba lo oscurito o en lugares en despoblado ¡que contraste tan radical! Porque en estos aciagos tiempos la delincuencia actúa sin recato, con plena impunidad y en rudo reto a las autoridades que, aún con los adelantos tecnológicos a su alcance, no muestra capacidad para combatirla con éxito. ¿A qué se debe? Son muchos los factores, pero uno es fundamental: el fracaso de los sucesivos gobiernos para armar una estrategia adecuada contra el adversario. “Ya éramos muchos cuando parió la abuela”, dice acertado refrán cuando se agrava lo grave, porque con la intervención de pruritos ideológicos que sugieren combatir con resorteras al crimen organizado, simplemente se garantiza el fracaso. Si en medio de gobernantes y delincuentes no estuviera la sociedad indefensa todo se reduciría a un cuento, pero la realidad, terca como suele ser, tiene otros datos.

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