lunes, noviembre 28, 2022

La fayuca digital de Jorge Ramos

No me sorprende que Jorge Ramos vaya a las mañaneras a dar su show para subir el rating, pero me temo que cada vez se vuelve más predecible y aburrido. Y es que con la numerología sin contexto que maneja, más bien se parece a la odiontóloga Ximénez que insiste que todos estamos muertos por covid y que todo es culpa del doctor Gatell. En vez de establecer un trabajo de investigación verdaderamente periodístico, donde exista un trabajo intenso de interpretación y de investigación del dato duro, lo que presenta es un espectáculo, como se dice en Harvard, apantallapendejos. Entiendo que mi George quiere ser como Loret de Mola, pero ahora sí exageró. Se ve que Ramos es del ramo al que le gusta ver arder el mundo generando polarización en vez de reflexión.

Y es que Ramos se trajo de fayuca unos bots y unos jéiters muy bravos. En cuanto apuntas una leve crítica contra su nada insólita persona, se sueltan decenas y decenas de bots y jéiters que con furor forense y ánimo autoritario y represivo te saltan a la yugular. Esas bestezuelas digitales deben venir de la granja de Masacre en Texas, superando incluso a los de Chumel, Lozano, CaldeRon que vienen aderezados con Tonayán, y a los de Lilly Téllez y la Rabadán que tienen su rabia.

Es lo malo de traer un anticomunismo muy elemental, como de la Libre de Ultraderecha. Ramos es un personaje absolutamente efectista que vive de haber hecho un día enojar a Fox, lo cual pues es más o menos simple, o de haber llevado a las cuerdas a mi licenciado Peña sin mandarlo a la lona. No se recuerda de un trabajo verdaderamente profundo o de una investigación que haya cambiado el curso de la historia, ni nada de esas cosas. Lo malo es que su ejemplo cunde y quienes solían ser periodistas medio respetados como Dolia Estévez, por ejemplo, además de repartir más fake news que Markitititito Cortés, cree que la diplomacia es declararle la guerra a Putin. Comunicadores convertidos en Paleros de Alazraki, políticos decadentes que ven venezolanos hasta en las guajolotas e intelecuáles krauzianos con peluca verde. Y lo mejor es que estos antiKapuchinskis, con el ritmo de la dotora Dresser, emprenden una puntual coreografía que ya hubieran querido los de Locomía.

Mi George Ramos cumplió con su cometido de sentirse como un reportero sin fronteras, perseguido por la dictadura, apapachado por la fanaticada derechaira, de esas a las que con muy poco pinole les da tos.

Jairo Calixto Albarrán jairo.calixto@milenio.com @jairocalixto

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