viernes, febrero 3, 2023

La Tragedia, género literario reflejo de vida

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Leyendo las Tragedias de Sófocles y Shakespeare podemos extraer rico aprendizaje porque en sus obras revelan con vívida transparencia mucho del acontecer del hombre del ayer, de ahora y siempre. Son obras clásicas porque pese a su añejamiento por el tiempo prosiguen revelando con nítida lucidez que la naturaleza humana no ha variado sustancialmente. Dígalo si no lo que a continuación insertamos de Sófocles en su Tragedia “Ayax”: «Y es necesario que un hombre, aunque sea un gigante, reconozca que puede caer incluso por un pequeño incidente.» “… no son los corpulentos y los de anchas espaldas los que han de estar más seguros, sino los sensatos son los que vencen siempre en todo. Un buey tiene un lomo enorme, pero con un látigo, por pequeño que sea, va derecho por el camino.» «A un valiente no es justo, cuando está muerto, maltratarlo, ni aunque lo odies.»

O en “Tranquinias”: «Nada permanece para los mortales, ni la noche estrellada, ni los destinos funestos, ni la riqueza; de repente se van, y vuelven para otro la alegría y la privación.» «Porque la juventud pace en sus dominios, y ni los ardores del sol, ni la lluvia, ni los vientos la turban; en medio de placeres sube una vida exenta de trabajo, hasta que en vez de virgen es llamada mujer y toma, durante la noche, su parte de angustia, temerosa por el marido o por los hijos.» «La insolencia, en efecto, no la toleran ni los dioses.» 

O en “Antígona”: «Nadie hay tan loco que desee morir…. pero el lucro con sus esperanzas muchas veces causa la ruina de los hombres». «Porque no ha surgido entre los hombres institución más perniciosa que el dinero. El dinero destruye a las ciudades, expulsa a los hombres de sus casas, descarría las mentes honradas de los mortales y les enseña a meterse en empresas vergonzosas. «…pues no es posible ser altivo cuando se es esclavo del vecino.»  «Y podría yo confiar que un ciudadano sabe mandar, cuando está dispuesto a obedecer y a permanecer en la tempestad del combate, allí donde se le ha ordenado, como fiel y buen compañero. En cambio no hay mal mayor que la anarquía: ella destruye las ciudades, ella solivianta las familias, y pone en fuga desbandada las lanzas aliadas. Más entre los vencedores, la que salva la multitud es la disciplina. Así, hay que apoyar las disposiciones de quienes mandan y no dejar de ningún modo que una mujer nos venza.» «No te acostumbres, pues, a tener en ti mismo una sola opinión, que lo que tu digas, y no otra cosa, está bien. Porque los que se creen ser los únicos en reflexionar, o que tienen una lengua o un alma como nadie, estos, al ser abiertos, aparecen vacíos. Para el hombre, por sabio que sea, nunca es humillante el aprender mucho y el no obstinarse en demasía. «Felices aquellos cuya vida no ha probado los males. Porque no hay calamidad que deje de abatirse sobre toda la raza de aquellos a quienes un Dios sacude la casa. Máxima común entre los griegos y que también encontramos formulada en latín: «Al que un dios quiere perder, le quita primero el juicio»

O “Hamlet” de Shakespeare: «Tú lo sabes, común es a todos: el que vive debe morir, pasando de la naturaleza a la eternidad.»… «Huye siempre de mezclarte en disputas; pero una vez metido en ellas, obra de manera que tu contrario huya de tí. Presta el oído a todo y a pocos la voz. Oye las censuras de los demás; pero reserva tu propia opinión. Sea tu vestido tan costoso cuanto tus facultades lo permitan, pero no afectado en su hechura; rico, no extravagante; ¡porque el traje dice por lo común quien es el sujeto…” … “Cuantas veces con el semblante de la devoción y la apariencia de acciones piadosas engañamos al diablo mismo!»… «La locura de los poderosos debe ser examinada con escrupulosa atención…» … «Si el poderoso del lugar sublime se precipita, le abandonan luego cuantos gozaron su favor; si el pobre sube a prosperidad, los que fueron mas enemigos su amistad procuran, y el amor sigue a la fortuna en esto, que nunca al venturoso amigo faltan, ni al pobre desengaños y desprecios…”. Y más, mucho más de ricas expresiones escritas muy de antaño, pero cuya vigencia reluce su deslumbrante actualidad.

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