Lobo Plateado
La 4T pasó años denunciando a las familias que se repartían el poder, los cargos y el presupuesto. Pero en Veracruz parece que el problema nunca fue la parentela en el gobierno: el problema era que la parentela perteneciera a otros.
Dos hijas de Arturo López Obrador, hermano del expresidente Andrés Manuel López Obrador, ocupan cargos directivos dentro de la administración veracruzana. Erandi Isabel López Herrería es rectora de El Colegio de Veracruz y Tarheni Andrea López Herrería ocupa una subdirección en la Beneficencia Pública estatal.
Y las cifras hacen todavía más escandaloso el asunto. Los registros de transparencia reportan para Erandi una remuneración de 145 mil 322 pesos brutos mensuales, alrededor de 106 mil 433 pesos netos. Tarheni aparece con aproximadamente 42 mil pesos brutos mensuales. A la familia se suma Leonel Efrén Rivera Pinete, esposo de Erandi y yerno de Arturo López Obrador, quien ocupa la Dirección de Salud Pública de SESVER.
Así que mientras miles de veracruzanos tienen que competir por una plaza, presentar currículum y esperar durante años una oportunidad dentro del servicio público, pertenecer a una de las familias políticamente más poderosas de México parece no representar precisamente un obstáculo para encontrar acomodo.
La ironía alcanzó niveles extraordinarios el domingo en Coatepec. Arturo López Obrador fue increpado por comensales en un restaurante al grito de “¡Fuera Morena!”. Ante los reclamos, respondió intentando deslindarse: “no vinimos de Morena”.
Tal vez él no llegó de Morena.
Pero resulta que parte de la familia sí llegó a la nómina del gobierno morenista de Rocío Nahle.
Y eso es precisamente lo que debe explicar la gobernadora. No basta con repetir que todos llegaron por capacidad. Cuando varios integrantes de una misma familia ligada directamente al fundador de Morena aparecen ocupando posiciones dentro de un mismo gobierno, la ciudadanía tiene derecho a preguntar quién los propuso, qué méritos determinaron sus nombramientos y por qué fueron ellos y no otros profesionistas veracruzanos.
La 4T prometió acabar con el nepotismo, los privilegios y las familias incrustadas en el poder.
Cambió el gobierno, cambiaron los apellidos favoritos, pero la vieja costumbre de acomodar a la parentela parece gozar de excelente salud en Veracruz.

